Quizás el hecho de haber vivido cerca de la zona, unido a la poca diferencia de edad con el autor, han hecho que todo me suene muy conocido.
Muchacho del entorno rural que quiere abandonar una sociedad opresiva y conservadora. Los estudios como vía de escape de la realidad. Y las consecuencias: el desarraigo posterior, la distancia creciente con las personas con las que creció, o la culpabilidad por haber dejado cosas atrás.
El estilo del autor también es muy conocido. Es el Carrere de Una novela rusa o El adversario y, aunque pudiera parecer por lo que he leído, no se parece en nada a Capote en A sangre fría. Esto no es nada malo. Es precisamente el Carrere de estas novelas el que más me gusta. El que habla de si mismo sin dejar resquicios, el que queriendo quedar bien se retrata como una persona, cuanto menos, difícil de soportar.
El ejercicio de Miguel Ángel Hernández, del que no había leído nada hasta ahora, es muy similar, como decía. Su relato gira en torno a un hecho: cuando tenía 18 años, el día de Nochebuena, su mejor amigo asesinó a su propia hermana y después se suicidó arrojándose por un barranco.
El formato de la historia se construye como una investigación del autor acerca del suceso. Situado en el momento presente, tratar de indagar lo que sucedió entre sus conocidos y entre personas relacionadas con la justicia y la policía. Y al tiempo que realiza esta investigación, el autor va contándonos su propia historia.
La narración es directa y trepidante, y el autor nos lleva a conocer poco a poco los hechos que sucedieron esa noche, o al menos lo que piensa que sucedió. A veces se trata de una historia muy dura, puesto que afecta a personas que todavía viven, con lo que, unido a la dureza de la historia, corría el riesgo de reproducir un dolor más o menos superado con el paso de los años. Y el resultado creo que es muy aceptable.
El formato lleva la penitencia, y el autor no ha temido salir mal parado en algunas ocasiones, como creo que debe ser. No se trata de una biografía en la que destacar todo lo bueno que se ha hecho, pero lo que se ha hecho, aunque sea o se considere lo correcto, también nos identifica como lo que somos. Ha sido, por último, chocante, ver la imagen de Miguel Ángel Hernández con 18 años, hablando a la cámara de RTVE. Sabemos que contó lo normal que era su mejor amigo, ese que acababa de asesinar a su propia hermana y de suicidarse.