Mi primera lectura de Reyes Monforte y ha sido una gran decepción. He tardado siglos en terminarlo, y si no fuera porque soy incapaz de dejar un libro a medias, habría abandonado hace mucho. La sinopsis da a entender que es una novela en la que habrá acción, intriga y conflictos como parte de la trama, pero de eso hay más bien poco. La historia queda en un segundo plano, ya que la mayor parte de la novela está dedicada a los lamentos de la protagonista tras la muerte de su marido, reflexiones infinitas e innecesarias sobre la vida, y muchas divagaciones que me hacían perder el interés en seguir leyendo. Está bien un poco de filosofía y exponer las emociones en este tipo de libros, pero que en 110 páginas todo lo que ocurra sea que la protagonista llegue a un pueblo, esparza las cenizas de su marido y entre en la iglesia… me parece muy forzado.
Algo que hace continuamente, y que me resulta terriblemente aburrido y agotador, es que ejemplifique todo como si el lector no fuera a entenderlo a la primera. A menudo, utiliza diversas metáforas para describir sentimientos o situaciones, como: “La casa de Jonas se había convertido en nuestro cuartel de invierno, en el kilómetro cero de cualquier camino, en nuestro Checkpoint Charlie, en el paso fronterizo entre nuestro particular Berlín y el Berlín de ahí fuera”. ¿Qué necesidad de hacer tantas comparaciones, similitudes o referencias en un texto que, ya de por sí, es muy denso en descripciones?
Luego está la historia de Marco (el hermano de su difunto marido), al que todos tratan como si fuera el mismísimo demonio y hasta se alegran en cierto modo de su muerte. Pero resulta que Marcos tiene ese comportamiento tan negativo porque desde su infancia pudo ver cómo su madre se mostraba decepcionada cuando era él quién llegaba a casa en vez de su hermano Jonas, prefería preparar las rosquillas favoritas de Jonas en vez de el bizcocho de Marco, su padre se mostraba más afectuoso con su primo Daniel que con su propio hijo, y Jonas tenía también más complicidad con Daniel que con él. Lena, la protagonista, en una de sus reflexiones dice “Jonas siempre sería el favorito de su madre y el orgullo de su padre. Marco no. Así se escribió la historia y de nada servía culpar al protagonista [supongo que se refiere a Jonas]. En todo caso, las responsabilidades deberían pedirse al autor”. ¿El autor de qué exactamente? Para mi entender, la culpa es claramente de unos padres irresponsables que durante toda su vida han demostrado sin reparo preferencia por uno de sus hijos y despreciado al otro. Ese comportamiento tiene sus consecuencias. De mayor, Marco nunca quiso ayudar a la familia, y me parece normal. Si de pequeño, la familia le dio la espalda, él se la da ahora.
Por todo esto, los personajes principales no me han caído muy bien, y no he podido conectar con ninguno.
Por último, algo que también ha contribuido a que no disfrutara tanto del libro es que hay demasiados errores y frases que no tienen sentido por más que las releo. Ejemplos: “Comprobé que hay personas no cambian nunca.”, “Me tenía que haber tomado más tila, el dolor de cabeza que presagió Carla empezar a aparecer.”, “Era un imagen singular.”, “Pero mi sentí empujada a hacerlo.”. Estos son solo algunos ejemplos, pero no esperaba esta cantidad de errores de una autora reconocida.
Solo me quedo con una frase de esta novela: “El tiempo es un bien preciado y hay que saber a quién regalárselo”.