Yo pensaba que era un libro más apático. Había leído que la voz narrativa era más desapegada, menos involucrada. Y no, Seba tiene súper claro qué opina de la posición de sujeto que le toca en el mundo. Y es tan crítico como apático de ese contexto. Pienso que esa desafexión viene simplemente del privilegio de joven hétero universitario no endeudado; posición que no le resta opinión o una mirada consciente del entorno. A ratos me cansaba la prosa excesivamente coloquial. Es la apuesta y la entiendo, pero soy tan mañosa al respecto que me costó conceder algunas decisiones. Eso sobre la forma, sobre el fondo, de las 11 cosas o momentos de la vida de Seba, mis favoritas fueron cosa 2, "El trámite del pase" y cosa 4, "Que te guste alguien mayor". En el primero, me reí mucho aquí: "Había un hueón raro (...) que no sabiendo por qué, le cambiaba el nombre a las cosas (...) por ejemplo, Roni me contó que cuando llegaron al paradero, pa volver a sus casas, este hueón le dijo, así textual, que pase rápido el velador culiao, así como cambiándole el nombre de micro por velador". Del segundo, conecté con varios pensamientos que pueden ser la definición del amor: "Era bonita, pero además tenía mucho estilo (...) y en el bolso tenía unos parches de cosas misteriosas, que era muy bacán, porque era esa sensación de que yo podía conocer mucho conociendo a esa persona". "Seguramente debe leer mucho, ya se debe haber curado hartas veces, debe haber fumado pito, y yo con suerte me habré tomado una cerveza en algún asado familiar. Y así como por probar nomás. Entonces la distancia es infinita. Yo puedo ir hacia ella, pero ella nunca va a venir hacia mí". Entonces, en medio de la descripción casi naturalista y frenética que esta novela presenta del universo universitario y joven del Seba, que a ratos me cansaba, aparecen estas reflexiones existenciales, que rozan la condición humana, y que por tanto son arte o literatura o como quieran llamar a ese ejercicio de exponer en pelota la esencia que nos hace personas.