Interesante reflexión sobre el arte: como en toda manifestación estética, a la que se le presupone la belleza, subyace lo siniestro, entendido éste de forma amplia como lo horroroso e incluso lo que causa asco. En suma, la dicotomía bello-siniestro no va más allá del simulacro nietzscheano apolíneo-dionisíaco.
El autor realiza un recorrido por la historia, centrándose en algunas manifestaciones artísticas, para llegar a la conclusión que la soberanía de lo siniestro en el arte es algo que cristaliza en el Romanticismo y toma plena conciencia en el siglo XX. Con buenos argumentos nos ofrece un análisis diacrónico encomiable pero obvia, puesto que debilitaría su andamiaje conceptual, la descripción de lo siniestro en épocas pretéritas. Así, elude hablar de la escultura y talla románicas en las que, para la mirada contemporánea, no es difícil encontrar lo siniestro, lo que causa horror frente al esfuerzo por hallar lo bello que ha de ejercer el observador actual.
El comentario resumen de la obra freudiana “Totem y tabú” huelga por falta de nuevas aportaciones.
Sin embargo, pese a la falta de originalidad el libro tiene la ventaja de exponer de forma clara matices intrínsecos a la manifestación artística que conviene recordar. Esto es, lo bello y lo siniestro en el arte, y en la vida, están íntimamente unidos o “...Dioniso habla el lenguaje de Apolo, pero al final Apolo habla el lenguaje de Dioniso: con lo cual se ha alcanzado la meta suprema de la tragedia y del arte en general.” (Friedrich Nietzsche “El nacimiento de la tragedia” Cap. 21)