Desde una imagen del mundo muy especifica (geocéntrica), se presenta la composición del universo en esferas celestes proporcionalmente distantes (replicadas por el hombre en la música) . Todas contenidas en una misma, llamada Esfera Celeste; "El sumo dios mismo" referida así por Cicerón en el texto.
Estando en la tierra, el movimiento que observamos en el cielo (del sol, estrellas, planetas), parece producirse únicamente ahí fuera, mientras nosotros permanecemos (la tierra) inmóviles, como punto central, rodeados por todo aquello. Aquello que se mueve y da movimiento/impulso es lo eterno y que anima. Lo inmovil o movido por otro es lo perecedero. La tierra entonces al ser inmovil, no es eterna, perece. Como nuestro cuerpo que perece, pero antes fue movido por el alma.
En este sentido, Cicerón nos conduce y presenta de una manera excepcional: la pertenencia, origen y retorno del alma a lo eterno. Su función aquí en la tierra y su anhelo por retornar a su origen.
¿Cómo volver? A través del cultivo de la justicia y la verdad, de la virtud.
El alma:
... volará más velozmente a esta sede y casa suya: y lo hará más rápidamente si, ya
entonces cuando está encerrada en el cuerpo, se eleva hacia afuera y, contemplando
lo que hay fuera, se desprende lo más posible del cuerpo. Pues las almas de aquellos
que se abandonaron a los placeres ..., por impulso de las pasiones..., una vez escapa-
das de los cuerpos revolotean en torno a la tierra y no regresan a este lugar si no hasta
después de haber sido atormentadas durante muchos siglos.
Cicerón (2010). De La República, Libro VI, "El sueño de Escipión" . Julio Pimentel, Trad. UNAM. (Obra original s.f.).
¿Samsara? jajaja