En Weiwei la narradora inicia una búsqueda hacia atrás, hacia los extremos, hacia los intersticios de su historia, de su memoria y la de otros. Lo que encuentra lo recorta, disecciona, crea un relato exacto y alborotado que vive y escribe, armando un presente que se expande a cada instante.
“La novela de Agostina se sitúa del lado del mundo en el que rige lo oscuro, lo oculto, el caos, el hechizo: lo femenino. Como impulso, como fuerza. No en vano el marco del relato, el presente desde el que escribe y recuerda la narradora, es un castillo en el viejo mundo. Un castillo solo habitado por mujeres, que cuentan cosas, que se cuentan cosas. Un castillo por el que se deambula de día y de noche, se habla en lenguas y del que se sale solo para querer volver.” Romina Paula
Sólo me importan los sentimientos o la belleza de Weiwei, de Agostina Luz López
No puedo hablar de Weiwei sin antes hablar de Elefante. Hace un año di mi primer taller literario, en la librería del GAM, y en ese grupo de gente bebedora y lectora estaba el Jose Rocuant. Siempre digo que cuando doy talleres hago trampa porque siento que aprendo más yo que quienes toman el curso. Una vez el Jose leyó y dijo algo así como quiero leer este cuento porque me gusta, porque cada vez que lo leo trato de que me guste más. Y colapsé porque hasta entonces yo evaluaba mis textos en una escala de bueno o malo, jamás de si me gusta o no. Pensaba que en el arte existían los errores. O no veía que el error, la fisura, es justamente la puerta de entrada al arte. Ese día me cambió el paradigma porque si la literatura es una experiencia estética, entonces el placer que genera es todo lo que debiese importar. Creo que esa sensibilidad, ese amor por la belleza de las palabras cuando expresan un sentir, es lo que origina a esta nueva editorial Elefante.
Como todas las cosas, Elefante nació como una idea, como algo que está en una cabeza o un cuerpo y que tiene que dar pasos para salir de ese interior y encontrarse con el mundo. Y para montar una editorial todo empieza con un libro. Me acuerdo que el Jose hablaba de Weiwei como yo hablaría de un golpe periodístico, con un ímpetu y un deseo de saber que se tiene entre las manos algo que puede dejar una gran zorra y estar desesperada por compartirlo pronto para ver el efecto gigante que una sabe que va a provocar. También decía que quería encontrar una escritora joven que lo presentara, ¿pero quién? Yo lo escuchaba y pensaba, ay, yo podría presentar Weiwei, ¿soy una escritora joven o no? Qué ganas de leer el libro. Decía esas cosas en secreto porque me daba vergüenza autoproclamarme. Luego, pasó lo que se imaginan: recibí un mail con la invitación a presentar Weiwei. Me demoré un minuto en responder que sí. Días después, cuando el Jose me entregó el libro físico, le dije esto, que qué bacán porque siempre había querido presentar Weiwei, pero no lo decía porque qué invansiva. Y él dijo: qué bacán, yo también quería que tú lo presentaras pero me daba cosa invadirte a ti.
Entonces pensé: ¿siempre hay que actuar para avanzar o es que incluso quietas podemos llegar al lugar que queremos? ¿Weiwei llegó a mí o yo llegué a Weiwei? Quizá con los libros es igual que con las personas, es un baile balanceado y sincrónico, en el que nadie da más, en el que en algún momento todas las partes cargan el mismo peso.
La cosa es que nos encontramos Weiwei y yo, y en esa coincidencia, me pasaron cosas debajo del cuerpo, que podrían resumirse en un deseo admirado: ojalá escribir un libro así de lindo alguna vez.
Algo que me llamó la atención antes de leer el libro fue el nombre. Weiwei. ¿Qué cresta será Weiwei? ¿Es alguien? ¿Es un lugar? ¿Es un estado espiritual? Agostina Luz López lo explica al principio, Weiwei aparece en las primeras páginas y confieso que me pasé todo el libro esperando su regreso. En eso también acierta Agostina, en que la estructura está hecha para satisfacer la curiosidad de quien lee, para que no queramos soltar a Weiwei libro y a Weiwei personaje. Lo que hay entre las dos apariciones de Weiwei es el libro, igual que la vida, es eso que pasa entre dos paréntesis, el inicio y el final, como dijo Bolaño citando a Pascal: es el viaje, el vértigo que hay entre antes de empezar a hablar y la paz que hay cuando ya lo hemos dicho todo.
Hay muchos extravíos entre la primera y la última aparición de Weiwei. Hay una chica que se la traga un bosque y hay otra chica —que quizá es la misma, no sé— que sufre reflexiones ensayísticas sobre la escritura. Hay desorientaciones, desórdenes, que me hacen dudar respecto de si los accidentes realmente son evitables o es que las cosas al encajar perfecto generan caos. Ese calzar armonioso es parte de la estética de Agostina, que es impactante, porque escribe como si lo hubiese medido todo, como si supiera la porción exacta de palabras que usar para expresar las emociones, como si al escribir Agostina lograra dar cuenta de qué es el equilibrio, la justicia o la igualdad.
Siempre rayo los libros que leo, destaco con tinta roja las frases que me hablan, que resaltan por sí mismas entre el texto, en las que me reconozco. Subrayé Weiwei desde la primera página, marqué esa parte en que la narradora habla de que ve mal, de que tiene problemas a la vista, y dice cosas como “lo que está lejos no llega a formarse”. Últimamente pienso que toda descripción es una metáfora de la conducta humana, de cómo conectamos con otros, de cómo queremos a otros, entonces pensé, sí, es verdad, no se puede formar nada con alguien que está lejos. Weiwei está lleno de esas verdades sencillas que resumen lo universal en pocas palabras.
En Weiwei ocurre todo. Hay muerte, violación, amistad, amor, desamor, lesbianismo, secretos familiares. Y todo lo que ocurre se cuenta con una voz clara, limpia, poco pretenciosa; cuya belleza radica en nombrar con candidez lo gigante, lo indecible, lo que supera al lenguaje. Y en esas formas también aparece el origen. Amo que este libro esté lleno de conjugaciones verbales argentinas y de pibes, de forras, de bebas y de pochoclos.
Quizá esas son conexiones a las que podría llegar cualquiera, para ser honesta tengo que reconocer en qué lugares aparecí yo en Weiwei o en qué momentos sentí que Weiwei me hablaba solo a mí. Lo que más me persiguió leyendo a Agostina es que muchas de sus frases resumían con ese equilibrio de pequeñez gigante cuestiones que yo recién ahora estoy tratando de poner por escrito. Y lo narraba con sabiduría de vieja, con la confianza de quien ha vivido mucho o sentido mucho, que es lo mismo.
En Goodreads transcribí las frases de Weiwei que más me tocaron y me gustaría leerlas todas, quisiera leerles el libro completo, para que sintieran lo que sentí, pero quizá eso grande que me inundó se resume en una frase que se dice sobre una chica que investiga los secretos de su familia para luego escribir, para entender. Dice: “Lo único que le interesa son los sentimientos”. La literatura es eso y la vida y la política y el humor y el cine y toda la industria creativa e incluso la industria o el mercado en general, porque se trata de conectar con otros, de intercambiarnos algo intangible que luego produce otra sensación intangible que se traduce en un cliente satisfecho, una experiencia de usuario, un clima laboral. Es lo que siente el cuerpo cuando algo le pasa. Y Agostina o su voz o su narradora o su alterego se pregunta si ese sentir está condicionado por el pasado, no sólo el propio, sino el pasado de quienes la tocaron antes, como si la humanidad fuera una gran cadena, una gran autopista, donde traficamos nuestros afectos. También se pregunta si ese sentir es fuerza o energía y de dónde viene y por qué se expresa de la forma en que se expresa. Escribe Agostina: “La forma también son los sentimientos, cada forma impone una emoción”. Y pienso en esa frase cliché que es decir: no me molesta lo que me dices, sino cómo me lo dices. En el arte y en la realidad como reflejo del arte todo se juega en las formas, que a su vez, dependen de un fondo. Como si los límites de la ética y la estética nunca estuvieran claros, porque se necesitan para expresar, siempre, sin división.
No sé cómo lo hiciste, Agostina, para escribir frases como: "Me conté a mí misma el deseo de usar estos relatos para sanar a mis conocidos". "Toda mi estadía tratando de no herirme y la herida llega desde afuera". "Lo que era del lenguaje lo llevábamos a nuestras propias vidas, a nuestras propias relaciones". "No voy a poder salir a la calle con toda esta mierda que es la calle, y que en definitiva somos nosotros los que la hacemos". No sé cómo lo hiciste para escribir un libro tan lindo como Weiwei.
Llegué a Weiwei sin saber nada, algo inusual. Intenté conseguir información googleando y leyendo un par de comentarios en internet pero circunstancialmente no pude asir ni entender nada, ni siquiera la contraportada. ¿Qué significa intersticio? ¿el castillo es una metáfora? Me lancé a la lectura en completa ignorancia, un poco forzada. Pero valió la pena.
Fue así como me di cuenta de que parte de la experiencia de leer Weiwei es no tener idea de qué o quién es Weiwei. Así que no lo busquen. La pregunta se responde muy temprano en el libro, asi que realmente no hace falta investigar: sólo empezar a leer.
La Arelis Uribe escribió un texto muy preciso en el que dijo casi todo lo que yo también quería decir al respecto, así que les invito mucho a que la lean. No quiero repetir lo mismo que escribió ella, pero quizá sí repita algunas cosas, como que cuando terminé me di cuenta de que Weiwei es el tipo de libro que me gustaría escribir alguna vez en la vida.
Es hermoso, es complejo - pero no difícil - y es intrincado como un rompecabezas. El rompecabezas es la vida y Weiwei son piezas cuidadosamente escogidas. Lo fascinante es que se nota que las piezas son del mismo puzzle porque en cada una se puede observar un minúsculo detalle, una imagen, un color que nos remite a otra.
Lo otro que es fascinante es que en sus modestas 94 páginas quepa tanto y que ni siquiera tomando notas y regresando sobre las páginas antes leídas se pueda asir todo, o al menos así me pasó a mi. Pero no fue algo que me incomodara. Al contrario, Weiwei me gustó tanto que también me gusta la idea de entenderlo mejor y ampliar mi mapa mental del libro leyéndolo más veces.
Lo que más me gustó fue la forma en la que está escrito. Todo, desde que fueran varios textos que parecen cuentos pero que en realidad construyen un solo relato, hasta las palabras utilizadas. Me encantó que Agostina fuera capaz de comunicar ideas complejas y elaborar metáforas bellas y difíciles - aunque difíciles para mí porque soy pésima para las metáforas - con el lenguaje que se ocupa cuando se habla de verdad.
Quedé con ganas de leer más a Agostina. De tener más piezas del puzzle. Aunque podría volver a leer Weiwei y seguir desentrañando información, quiero más, nuevas partes, nuevas piezas. Pero es sólo un capricho, porque el libro está bien construido así como está. Nada se queda corto. El libro comienza y termina de forma precisa. Me gustó mucho. Lo mantendré en el fondo de mi cabeza, aspirando a escribir algún día un libro así. Y a volver a él, eventualmente, en el futuro cercano.
Como anécdota anexa, el libro también me hizo regresar a piezas de mi propio puzzle. Piezas en las que no pensaba hace mucho tiempo. Fue extraño, a ratos incómodo, pero mayormente interesante. No creo que fuera parte del plan de Agostina al escribir Weiwei, pero creo que fue una casualidad destacable y ojalá le pasara a otros lectores.
No me desagradó, pero tampoco logré conectar mucho con cada relato. Sentí que faltaba desarrollo, profundidad. Se tocan muchos temas, como la violación, el aborto, la pérdida de amistades, secretos familiares, el deseo, pero sin ahondar o matizar en ellos. Cuando recién empezaba a engancharme con una historia llegaba al final y pasaba a otra. Me gustaron las situaciones de intimidad y complicidad entre mujeres, me parecieron sinceras, no pretensiosas, sutiles, con los detalles justos. Quizás es una literatura que necesita mucha protección, como lo habla al final de "Cinco: El miedo, antes" sobre la escritura prematura, que necesita una lectura sin juicios, nutritiva, leer entre líneas, pero esto fue lo que más hice; llegué al libro sin expectativas, sin saber de qué se trataba ni de su autora, y a pesar de que no quedaba muy satisfecho con cada cuento siempre comenzaba de cero el siguiente. Como a la mitad del libro sentí que se estaba construyendo o tejiendo algo potente, pero pronto cayó en la misma dinámica del principio.
No sabia que esperar de Weiwei, pero sentí que los personajes describían algunas situaciones que he vivido y la autora logro expresar situaciones que he vivido. La protagonista suele sentirse atraída por las historias de las personas que las rodean, aunque sean sobre infidelidades o cosas malas. Lo subraye casi entero porque tiene frases muy bonitas y los cuentos tocan temas variados. No sé si definir a la narradora como protagonista, porque en un mismo momento esta se describe como una medium que busca conectar las historias de sus cercanos con el mundo. Me gusta el modo de la narradora de expresar lo que se le cuenta, como el relato familiar, o de su madre o novios, y ser capaz de describirlo como un relato, para quizás así tener algo de control sobre él.
Llegué tarde a este libro, pero llegué a tiempo. Admiro las novelas cortas que meten todos los muebles dentro y aún así se siente espacioso. Weiwei es una de las escritoras que la narradora conoce en una residencia de escritura y es el pie forzado para que nazca esta novela diaspórica, cuyos capítulos parecen ser cuentos, que corren veloces y voraces, donde la muerte asedia constantemente. De la ficción más intrigante a la más esperable, creo que nos invita a ser parte de la residencia de autoras y nos lee el resultado. Recomiendo.
Comencé Weiwei sin saber que era Weiwei, ¿una persona ? ¿Un lugar? ¿Una comida? ¿Un estado espiritual? O una de esas palabras japonesas cortitas que significan algo muy profundo que describen lo inefable, pero lo descubrimos en las primeras páginas y comienza el viaje, porque eso es Weiwei, un viaje. En menos de cien páginas ocurre de todo, amor, desamor, lesbianismo, muerte, amistad, secretos. Es por sobre todo un libro lindo y supongo que esa es otra categoría a bueno o malo. Es lindo.
🔖"Leer el miedo lo haría desaparecer como un efecto mágico. Imaginarlo lo convertiría en polvo. En ese terreno, donde el miedo desaparecería, saldríamos a cazar. Hay un bosque y es de noche".
🔖"Un prefesor me dijo que había que escribir sobre el pasado, porque estaba lejos y podía mirarlo con distancia. Yo solo puedo escribir sobre el presente, como si fuera una escritura que no pudiera acumular, que se va borrando a sí misma, que solo puede contar lo que sucede en el momento. Y después, nada"
Creo que no me gustó este compilado novelesco porque se fundamenta en dos argumentos que no me interesan: el relato sobre "ser escritor" y la autoficción intimista. La sección verdaderamente destacable es "Tres: Amigas". Creo que esas breves narraciones, que versan sobre la experiencia femenina en la infancia y las relaciones entre mujeres, traían consigo observaciones relevantes y novedosas. Pienso, por ejemplo, en el estudio sobre el cuerpo en "Romina" o el lesboerotismo velado en casi todo el segmento. Lo más matapasiones, sin embargo, fue que la personaje Weiwei fuese codificada como exótica desde una perspectiva orientalista. Hay maneras más atinadas de describir a una mujer asiática además de "mística, misteriosa y ancestral".
A través de siete relatos, Agostina nos cuenta el porqué de escribir. En cada uno de ellos, que pareciesen ser tan distintos entre sí, está la pulsión incombustible por querer leer y escribir. Relaciones con amigas, amigos, la familia, la muerte, un nacimiento, una residencia para escritores, Weiwei misma aparecen aquí con un solo fin: transformarse en materia prima. Luz López tiene una pluma ágil, que entretiene con sus relatos e incluso con algunas ideas que parecen tener vida propia. Mucha gente me recomendó este libro, también lo hago, pero no con el mismo ahínco.
Es una novela rara. Cada capítulo está bastante desconectado de los anteriores. A veces parece auto-referencial, a veces parece un ensayo. Intenta ser intimista, pero no desarrolla este aspecto. Más que nada me da la sensación que es un libro de una escritora para gente de su propia profesión.
Abarca muchos temas, intenta ganar profundidad en unas pocas páginas, pero no me da la sensación de que lo logre. Entiendo que sea un libro apto para un taller literario, pero no para el lector en general.
Me gustó mucho la escritura de Agostina. Creo que el libro habla sobre el proceso de escritura que está presente a lo largo de toda la obra (en la residencia, la narradora como puente para contar historias, las reflexiones en torno a la escritura del presente y prematura). Es un libro bello, lleno de frases para subrayar que se lee en un par de horas y lo recomiendo mucho. Me gustó también que fuera fragmentado, sentí que utilizó muy bien ese recurso y lo hizo más interesante.
me cuestan las novelas, pero esta me gustó. Weiwei es una historia que no se apresura. la Agostina Luz López se tomó todo su tiempo y el mío para describir el mundo de sus personajes. qué ganas de escribir tan bonito. "a ella lo único que le interesa son los sentimientos". escribir de amor nunca pasará de moda. fin.
Voz argentina curiosa. De momento me sucede que la escritura demasiado vivencial comienza a cansarme, pero en este caso, creo que López es capaz de armar un relato superior a la historias que cuenta, yendo más allá de la misma historia, cosa que rescato. Destaco el cuento de la familia y de las amigas
Me gusta mucho que le de una voz totalmente propia dentro de lo coloquial. Recomiendo leerlo en un ambiente tranquilo que nos acerque a nosotros mismos y que quizás también nos lleve a reconocer cuales son los actos que mueven nuestra vida hacia determinados pensamientos y actos .
"Un profesor me dijo que hay que escribir sobre el pasado porque estaba lejos y podía mirarlo con distancia. Yo solo puedo escribir sobre el presente, como si fuera una escritura que no pudiera acumular, que se va borrando a sí misma, que solo puede contar lo que sucede en el momento. Y después, nada. En definitiva, es algo que deja de ser escritura porque no termina nunca de estar, de plasmarse. Podría llamarla la escritura sin distancia, la escritura del presente."
Weiwei fue una lectura novedosa para mí. La forma en la que la autora narra y los recursos que utiliza llamaron mi atención y me cautivaron. Tras terminarlo quedé con esa extraña sensación en mi cuerpo que me exige la necesidad de escribir.