Este volumen marca otro punto de inflexión muy interesante, ya que vemos a Mori madurar y comprender mejor las relaciones humanas, tanto los lazos del pasado como los del presente. En este contexto, la conversación inicial con su excompañero de liceo destaca por su profundidad. Mori, ahora más consciente, logra expresar con claridad lo que desea decir, algo que en el pasado le habría resultado sumamente difícil.
A continuación, emprende un viaje introspectivo que lo lleva a enfrentarse a sí mismo y a su necesidad de estar solo. Mori siente que todos a su alrededor le mienten, independientemente de si eso es cierto o no. Este sentimiento lo impulsa a crecer como persona y a buscar su lugar en el mundo, un lugar que, como siempre, parece estar en las montañas.