Francisco Antonio Encina Armanet fue un historiador, abogado, político y ensayista chileno.
Hijo de Pacífico Encina Romero, quien fue diputado entre 1891 y 1894, y de Justina Armanet Vergara, perteneció a una familia de importantes hacendados que tuvieron una gran influencia social y política en la zona del Maule Sur, principalmente en la provincia de Linares.
En su adolescencia, se destacó por su excelente rendimiento académico y su afición a la lectura de obras filosóficas. Cuando debió rendir sus exámenes finales para aprobar el bachillerato, el liceo de Talca (actual Liceo Abate Molina) solicitó una comisión especial traída desde Santiago. Ingresó a la Universidad de Chile, donde cursó la carrera de Derecho, obteniendo su título de abogado en 1896. Sin embargo, tras un breve ejercicio profesional, se dedicó por entero a sus labores agrícolas.
Ingresó en 1906 a la actividad política como diputado por el Partido Nacional, como lo fue su padre. Sus ideas económicas y educacionales lo llevaron a publicar su primer libro, Nuestra inferioridad económica (1912). Junto con otros intelectuales de la época, intentó formar un nuevo partido, Partido Nacionalista, propuesta que no prosperó por lo que se alejó de la política activa.
Viviendo una vida campesina y rural, Encina fue coleccionando documentos y libros sobre la historia de Chile; en 1934 lanzó una nueva y polémica obra: Portales. A ésta le siguió su más célebre libro: la Historia de Chile desde la Prehistoria hasta 1891, editada en 20 tomos por la Editorial Nascimento. El éxito de su Historia de Chile fue tan grande que se ha republicado numerosas veces hasta la actualidad.
Fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1955. Se casó con María Amelia Barker Romero, prima suya, con quien tuvo cinco hijos.
Una larguísima historia del país armada por el autor a través de la recolección de apuntes con el paso de los años. Abarca desde antes de la llegada de los españoles hasta el cierre del año 1891, con la caída de Balmaceda. El texto es claro, detallado y en ocasiones bien específico. Alternativamente entretiene por pequeños detalles poco conocidos (o recordados) o aburre por el tono de profesor con el que expone, sobre todo considerando que se sigue una estructura cíclica (narrativa de los hechos durante un marco de tiempo, usualmente unos cinco años, aunque es variable, seguido de análisis interno del gobierno, relaciones exteriores, finanzas y así. Después de un rato ya es predecible qué va a encontrar uno a continuación). Encina era un hombre que escribía junto con sus prejuicios. Constantemente hay muchas referencias a raza y etnia como si fueran significativas para el éxito o fracaso del país. Similarmente, hay una fuerte corriente de nacionalismo presente a lo largo de la obra (después de todo, Encina fue uno de los fundadores del Partido Nacionalista de la década de los 1910s). No es vital para la historiografía ni hacen intragable la lectura, pero es obvio que están allí y no se les puede hacer el quite. Hoy en día existen mejores libros sobre la historia de Chile, tanto en investigación como en objetividad. A pesar de ello, pocos abordan este período de la historia con tanto detalle como lo hace Encina. El resultado es que incluso hoy el autor y este texto suelen ser citados por otras personas que hablen de la época. El resultado final es que es un libro interesante de leer, pero hay que estar consciente de que fue escrito muchos años atrás por un hombre con ideas personales un poco diferentes de lo que se esperaría hoy. También hay que contar con tiempo, porque es un libro largo (yo tardé como tres meses, pero lo leí en un verano).
Una clásica serie de libros de historia de Chile. Infaltable en varias estanterías de personas que fueron estudiantes allá por la decada de los 70s-80s. Pero raras veces abierto. Por lo general, acumulando polvo en una esquina, solo con fines decorativos -en ese estado estaba este libro cuando yo me lo encontré-. Sólo he leído el primer tomo. Es una entrega bastante detallada, con datos minuciosos que fueron extraídos con pinzas durante la investigación del historiador Talquino, Francisco Antonio Encina. A veces el curso de la lectura se me hacía profundamente tedioso. Justamente, debido a la abrumadora cantidad de datos y detalles, que son expuestos con un tono soporífero. Pero en intervalos mi interés volvía a ser capturado, ¡y con creces! Ciertos momentos en los que me podía imaginar de forma vívida el acontecimiento histórico, narrado con dramatismo y detalle. Hay capítulos que parecen haber sido escritos con más emoción que otros. Como si la pasión de Encina variara según el clima con el que se levantaba de su cama, para dirigirse a su escritorio a escribir. Los que viven en Talca ya saben lo bipolar que es el clima por acá. Hablando más seriamente... Uno de los asuntos más polémicos de este libro, es su supuesto racismo: Evidentemente hay un sesgo en la visión histórica del autor. Un claro Nacionalismo, y una admiración al espíritu conquistador del español, cuya apoteosis se encuentra en el penúltimo capítulo, donde Encina le rinde una suerte de homenaje a la personalidad de Pedro de Valdivia. "La herencia de la sangre goda". En resumen, si quieres aprender sobre historia de Chile, hay varios libros que son más recomendables para empezar; más actualizados, menos tediosos, y menos racistas. Este es un libro antiguo, con la visión antigua de un hombre que ya hizo su aporte, para agrado o molestia de quien opine.