¿Qué hace a este libro tan especial? Mi respuesta sería que su corta extensión y abundancia de relatos imaginativos, provocativos y delirantes.
En “El grafógrafo” tenemos cuentos intrigantes como “Diálogo en un puente”; relatos-ensayos-lingüístico, donde Salvador Elizondo reflexiona sobre la evolución y la estática de la lengua en su corto pero genial relato “Relato de Babel”, donde los dueños de una casa deciden cambiar el significado de las palabras cada cierto tiempo, hasta que el lenguaje deja de tener sentido (bello texto, recomendado); la obra metaficcional “Novela conjetural” que es uno de los más interesantes cuentos de este autor, donde reflexiona de una hipotética novela (no tan novela); el mencionado “Futuro imperfecto”, que podría considerarse como un excelente ejemplo de relato de ciencia ficción, donde a Salvador Elizondo se le encarga la redacción de un artículo sobre el tema de “tiempo”, reflexiona y se encuentra con una persona del futuro, entablando un diálogo a veces irónico y haciendo dudar al lector de qué está leyendo (el final es genial); “El objeto” que sin duda es uno de los cuentos más cortos, intrigantes, asombrosos, perturbadores, y extraños de la literatura mexicana y en lengua castellana, en sí, es un objeto que cambia constantemente su naturaleza, es un objeto indefinido y siempre es una cosa diferente para cada observador (parecería que Elizondo estaba informado en su tiempo sobre las paradojas cuánticas en relación con el principio de incertidumbre y la relatividad; una realidad cambiante y nunca definida, ambigüedad absoluta).
Con apenas 110 páginas, “El grafógrafo” me parece uno de los mejores libros de relatos en español, junto con “El llano el llamas”, “Ficciones”, “Obras completas y otros cuentos”; “Confabulario”.
A mí, en lo particular, “El grafógrafo” representa mi libro de cuentos mexicano favorito (y mi segundo libro de cuentos escrito español favorito, seguido de “Ficciones”), sobre todo por el hecho de que resulta una obra bastante original y que emana un estilo que a los kilómetros uno puede decir “Esto es Elizondo”. Variedad de temas y un ambiente, podría decirse, predominantemente inquietante, paradójico, metaficcional, irónico, y extraño. Salvador Elizondo era una persona y un autor raro, al igual que su obra, que a veces se confunde con ensayos (igualmente extraños, bizarros, excéntricos).
En fin, tenía pendiente esta reseña de uno de mis libros favoritos y que más me ha cambiado la manera de entender la literatura. Me parece una lectura no solo entretenida, sino desafiante, que no subestima al lector, y por ello, uno puede mantenerse con expectativas altas.
Considero (no está de más añadirlo), que “El grafógrafo” constituye la obra más “accesible” de Elizondo; eso si tenemos en cuenta a la indomable “Farabeuf” y “El hipogeo secreto”; que son dos novelas complejas y de una naturaleza propiamente laberíntica.
Y, además, tratándose de Salvador Elizondo, no podría desaprovechar la ocasión de hablar de este que es uno de mis autores favoritos y a los que más admiro.
Espero les haya gustado la reseña y que esto los haya motivado a leer a este autor y este libro en especial.
Y como lo dije con “Catedral” de Raymond Carver, si quieren darle un regalo a alguien que quieran, que sea este libro; aunque eso sí: libros de Salvador Elizondo no se regalan a cualquiera.