La primera parte del libro es completamente visceral; escrita con un tono combatiente, y con una visión sesgada y cristalizada que cae en todo aquello que critica de la mentalidad progresista. En algunos pasajes el lenguaje es incluso ofensivo. La autora se coloca en una posición contraria a la que ataca haciendo que su libro parezca más bien una invectiva que nos recuerda mucho, por la pobreza de su vocabulario, la procaz jerga de personajes como Donald Trump al cual, no sin asombro, se le hacen claros y panegíricos guiños.
Para muestra esta joyita: Ese es el camino que se ha abierto con Donald Trump, un hombre que[...] ha revolucionado el panorama de la política estadounidense y mundial, y está aterrorizando a los progres de todo el mundo. Su triunfo, en el que ninguno de estos progres creía (proclamando con soberbia que su «simpleza» lo incapacitaba para ser presidente de la nación más poderosa del mundo), es una prueba más de que hay una mayoría social dispuesta a elegir la libertad cuando se le habla con claridad, cuando se aparta lo políticamente correcto y se llama a las cosas por su nombre.
O esta otra: Trump ha reivindicado la capacidad individual de los ciudadanos para lograr su propia felicidad, de la que la Constitución estadounidense habla. La capacidad de los ciudadanos para decidir sin imposiciones, para gastar su dinero sin que el Estado intervenga en ello, para construir una sociedad en la que nadie determine lo que los demás deben hacer. Ahora que ya es presidente y que pone en marcha su programa para «hacer grande de nuevo a América» nos parece increíble que durante toda la campaña se creyera imposible que alguien de su perfil, con sus ideas y con su franqueza política, no tuviera posibilidades de lograrlo. Lo insólito es que no haya surgido antes alguien así.
La segunda parte del libro intenta ser más amenaexplicando la posición ideológica de la autora, pero el mal uso de las citas y las distorsionadas lecturas con las que pretende fundamentar sus opiniones hacen esta parte del libro igual de mediocre que la primera.
El título, el lenguaje y las ideas recuerdan al desagradable libro How to Talk to a Liberal (If You Must) de la también desagradable Ann Coulter lo que hace que se convierta, más bien, en una versión tropicalizada de este.
Todo esto hace de este libro un despropósito rotundo que poco ayuda a la construcción de un necesario debate entre las ideologías reinantes en el atolondrado panorama iberoamericano.