Donde habitan las palabras" cuenta la estremecedora vida de Santiago Aranda, un hombre adicto a las palabras. Su historia empieza con el silencio en el que se refugió durante sus primeros años, silencio que le permitió encontrarse con Águeda Alegría, una mujer que también se rehúsa a hablar. Entre ellos brotan las palabras y se da un romance tormentoso que oscila entre la pureza y las tinieblas, entre la entrega incondicional de ella y el egoísmo de él, quien, en determinado momento, se pierde en su adicción y está dispuesto a sacrificarlo todo por conseguir una página en blanco y un poco de tinta para escribir.
¿El silencio tiene color? Pues sí, después de leer este genial libro de Eduardo Otálora Marulanda, que cuenta la vida de Santiago Aranda, quien no llora al nacer, ni más adelante. Es un ser muy especial, como le diagnostica un médico a la madre de Santiago. Pero eso de ser "especial" también es un problema, especialmente (¿O quizás únicamente?) para los que lo rodean. Águeda, la otra protagonista, tiene una "alergia voluntaria a las palabras". Ella no habla porque tiene un trauma, del que pronto nos enteramos. Y, sin embargo, está en el mismo bote que Santiago, pero todo cambia gracias al amor. Y al descubrir el inmenso poder de las palabras, empieza a seguir a la gente, a obsesionarse con sus historias hasta perderse en ellas.
El libro es fácil de leer, ágil y adictivo. Aunque el foco es, sin duda, la vida de Santiago, en el camino vamos conociendo detalles de la vida de todos los que se cruzan con él, desde el doctor Morán, el primer especialista que lo analiza, hasta... Con esto, se siente una complicidad con el narrador, como que hacemos parte de este juego al que nos invita y del que seremos los más conocedores. Me recordó por momentos a "Psihing Daisies", una de mis series favoritas del genial Bryan Fuller, que tiene un narrador con una voz increíble (Jim Dale) que nos adelanta partes de la historia y explica otras con humor e ironía.
Hay un delicioso juego a lo largo del libro, dónde el narrador invita al lector a involucrarse con la historia más de cerca, hablándole directamente sobre las situaciones de los personajes y lo que va a acontecer, también lanza preguntas que él mismo se responde, sin desaprovechar la oportunidad para darnos unos pequeños detalles más de los secretos que todos guardan. Las palabras de Otálora son poéticas y románticas, su finura al escribir es única...
Pero la historia empieza a carecer de verosimilitud a medida que avanza. Llegué hasta el final por la belleza de las palabras, pero a la mitad del camino me perdí en la historia. No le creo de a mucho a Santiago. Es más, me empieza a caer mal. Entiendo su adicción, pero no me la soporto y a veces dudo de ella, es más bien un capricho, un trastorno, quizás voluntario y consciente... Y por eso me saca la piedra. ¿Sus papás nunca le enseñaron a escribir, así no quiera hablar? No es sordo, finalmente...
Conforme avanza el libro, su protagonista se vuelve errático, desordenado, desagradecido, inclusive hasta patético y desagradable. Y si ya no hay a quién querer ni apoyar en la historia, ¿qué queda? Pero eso tampoco es completamente cierto, porque sí había algo de interés en saber cómo iba a terminar Santiago, por eso y por el amor a la palabra de Otálora me quedé.
Pero, finalmente, Santiago es solo una excusa para la reflexión del libro, que me costó un poco: estamos invadidos de palabras. Hasta el libro lo tiene, sus páginas densas llenas de texto a veces hacen reconsiderar la leída, pues no es un libro que se vea como los demás. Pero vale la pena llegar hasta el final y conocer el final de este hombre obsesionado con las palabras.
This entire review has been hidden because of spoilers.
Siento que tiene intención con demasiada potencia, pero se queda en eso, en intención. O al menos no alcanzo a conectar, no llego a poder involucrarme en la historia como el autor me invita a hacerlo. Quizás en otra oportunidad una relectura me cause el vinculo que esta vez no tuve.