La antología de cuentos por excelencia, Las mil y una noches, es un libro que acaba resultando pesado y difícil de leer. Su enorme extensión y lo proclive que es a repetirse tampoco ayudan a aligerar una lectura densa que te deja una enorme sensación de pérdida de tiempo y cierta decepción si, como yo, disfrutas con los cuentos.
Como todo el mundo sabe este libro es anónimo. Es decir, no se conoce quien fue el autor, aunque yo voto que fueron más de uno. De todas formas, el libro parece estar escrito de una manera muy similar, fenómeno que no estoy muy segura de si se debe a la traducción o es realmente así en la versión original. Respecto a la calidad literaria del mismo puedo decir que el estilo en el que está escrito es sumamente elegante aunque bastante redundante. Esto lo consigue gracias a una prosa lenta aunque muy bien desarrollada, un lenguaje de gran belleza lírica y unas descripciones fascinantes, llenas de imágenes que te trasladan dentro de las historias por su colorido y su riqueza en detalles y matices.
Los personajes, como las historias, son muy diversos, aunque tienen una serie de características comunes. Para empezar todos (o casi todos) son hombres, bastante jóvenes y con una bondad que, en ocasiones, les hace parecer tontos de solemnidad. Muy religiosos y respetuosos con las tradiciones islámicas, pero profundamente supersticiosos. Muchos son inteligentes. Y aquellos que no lo son suplen sus carencias con suerte y algún que otro efrit que les ayuda. Son, en definitiva, el prototipo clásico de un personaje de cuento y, por tanto, vacío y superficial, sin más trascendencia que la de pertenecer a una historia que siempre empieza por "había una vez…" o fórmulas similares.
Perteneciente a la cultura popular, la historia de Las mil y una noches, es de sobra conocida. Aunque en realidad, el libro se puede dividir en dos grandes partes. La primera constituye la historia principal, la de Sherezade, hija del visir, que se casa con el sanguinario sultán y evita su muerte cada noche contándole una historia inconclusa. No esperéis demasiado de esta parte. Sherezade, pese a su enorme importancia, solo aparece al principio y al final del libro. El resto del tiempo se presupone que ella es la narradora, aunque no hay confirmación. La otra parte está formada por el grueso de cuentos que nos van narrando a lo largo de las páginas. Y es aquí cuando se pone la cosa interesante. Para empezar, casi todos los cuentos tiene nexos de unión. La estructura es muy similar en todos ellos. Así que a lo largo de todo el libro tenemos protagonistas demasiado bondadosos, villanos egoístas, demonios de todas clases, magos, reyes, sultanes, animales parlantes, artefactos mágicos y mujeres hermosas sin más función que la de adornar. Al final, el bien siempre triunfa frente al mal y nuestros protagonistas suelen salir muy bien parados. Las tres historias más famosas son: los viajes de Simbad el marino, Aladino y la lámpara maravillosa y Ali Baba y los 40 ladrones. A decir verdad, estas versiones originales son más largas y decepcionantes que las versiones conocidas. Y con todo, incluso estás historias siguen el esquema y terminan de manera similar a las demás.
En suma, Las mil y una noches es un libro que pierde muy pronto su esplendor y se revela como una serie de historias repetitivas y confusas a las que cuesta coger el hilo. Y es que la disposición tipo "cuento dentro de otro" despista tanto al lector que llega un momento que ya no sabes dónde estás o a qué personajes sigues. A pesar de eso este libro tiene un exotismo clásico muy interesante pero insuficiente a la hora de engancharte a él. Y es que ya me ha costado soportar una noche, como para aguantar mil más...