Podría ser una noche más, pero es la noche en la que he terminado este libro. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que me ha marcado. Ya no podré mirar a esta autora de la misma manera que lo hacía antes, porque es ella la que me ha regalado una versión mucho más madura de su faceta como escritora. A medida que pasaba las páginas del Kindle, la certeza de que tenía en mis manos a uno de los cinco finalistas del Premio Literario 2017, se hacía más palpable. Al concluir el libro ha sido tan rotunda, que si pasados unos meses no veo que haya alcanzado uno de estos puestos, me enfadaré con Amazon y comenzaré a escribir este nombre con tilde en la «o» en cada uno de mis post, a modo de protesta. Me consta que es algo que les revienta.
Bromas aparte; analicemos el libro, que la cosa, la trama y, el desarrollo de la historia, bien merecen pringar pan, y engordar unos cuantos kilos, aunque se nos estropee la silueta con bañador.
El inicio es perfecto, con escenas que golpean directamente en los recuerdos que, de una manera u otra, todos podemos reconocer en nuestra infancia. Un amor entre niños, una trastada improvisada y, después, el bofetón. El suceso que hace que caigamos de lleno en la realidad del libro.
El desarrollo es correcto. La historia embelesa. Los ingredientes y, la medida de los mismos, son manejados con maestría. No esperaba menos de una autora que cuenta con ocho novelas a la espalda (que me perdone si me dejo alguna que mis ojos no han visto). Una historia que atrapa, una prosa envidiable, como muchas otras que también pululan por las entrañas del concurso y, sin embargo, lo que destaca de este libro por encima de muchos y de lo leído de ella hasta ahora, son las atmósferas de las escenas. Consigue trasladarte; así, sin más, aunque no te hayas puesto las chanclas y colgado el rosario, vas a verte impregnado de la humedad del lago, de la maldición oculta en la profundidad de sus aguas y, de la soledad y desgracia, con la que los acontecimientos tiñen la vida del protagonista.
La novela es una caipirinha perfecta. Refrescante, adictiva, conclusiva… a la que no le falta ingrediente; algunos ya citados en reseñas anteriores y, a los que quiero añadir unos pocos más. Coge Strangers Things, adereza con un toque de los Goonies, matiza con Poltergeist y la leyenda negra que rodea a la película, y añade las toneladas de humor negro e ingenio que caracterizan los textos de la autora. ¿Qué? ¿Te lo lees? Yo sí… Pero lejos del agua.
«…Y hasta aquí el especial de hoy. Desde la nave del misterio, para los creyentes de lo sobrenatural y de la buena literatura…»