Es una relectura de una historia que parece sencilla, pero va mostrando lo que la hace especial con el ritmo justo, haciendo que necesites saber más.
Me gusta mucho cómo está contado, cómo la autora nos relata la vida de Mitsuko, la librera protagonista de esta historia. Te intriga casi desde el inicio, cuando quieres entender por qué miente a todo el mundo, pero al final ves que el amor de madre lo puede todo.
Todo se enreda cuando una madre y su hija van a dicha librería a comprar. Mientras la madre compra, su hija hace amistad con el hijo de Mitsuko, Tarô, (que es sordomudo) de manera muy fluida, cosa rara en el niño.
Nada sobra en estas páginas. Todo tiene un fin, un sentido que dar a la trama. Lo últimos capítulos los he sentido cargados de emociones que han ido desembocando en un final muy apropiado y bonito, dando mucho significado a hechos importantes contados anteriormente y poniendo un punto y final magistral.
Me ha tenido el corazón en un puño en varias ocasiones, en otras, el ritmo cardíaco acelerado y, en la última página, me ha robado unas lágrimas.
Lo recomiendo encarecidamente. Es un libro corto, de los que tienen pocas páginas pero un contenido de calidad. De esos que te calan, sobre todo al acabarlo.
Me encanta cómo escribe Aki Shimazaki, deja huella, y yo quiero seguir leyéndola.
Me tiene cautivada esta historia, os lo prometo. He pensado tantas veces en releerla que, una vez lo he hecho, necesitaba volver a recomendarlo. En ella encontramos amor de madre, fuerza y valentía, reflexiones muy buenas. Una vez empiezas te haces más y más preguntas y cuando llegas a la parte donde crees que se ha resuelto el misterio, todavía queda un boom final.