Desde muy joven, siempre he sido muy parcial a Il barbiere di Siviglia (1816) de Gioacchino Rossini. Por lo menos a las dos composiciones que ubicaba: la obertura y Largo al factotum. Fue hace muchos años después que finalmente escuché la ópera completa y la amé. Muchos años después supe que la obertura no fue originalmente compuesta para esta ópera, sino que fue un refrito de la obertura para Aureliano in Palmira (1813) del mismo Rossini. Y todavía más adelante descubrí que el libretto de Cesare Sterbini, sobre el que se adapta la ópera de Rossini, estaba basado en la obra de teatro de un francés. Un tal Beaumarchais.
Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais (París, 1732-1799) fue un escritor, dramaturgo, músico, y empresario... Y también era espía y comerciante de armas para el rey de Francia. Beaumarchais fue uno de los impulsores del derecho de autor y en cierta manera precursor de la revolución de 1799. Su vida y sus actitudes se reflejan en gran medida en su obra: "la verdad sobre Beaumarchais se refleja menos en los hechos de su vida que por su vida en su literatura", comenta David Coward, profesor emérito de francés en la Universidad de Leeds, quien traduce, anota, y nos obsequia en su introducción una biografía del dramaturgo.
Dicha semblanza es muy interesante y se desarrolla de una manera que brilla por tener su encanto propio. En cierta forma y aunque suene dramático, esta lectura me representó un pequeño gran viaje de descubrimiento e iluminación con respecto a los orígenes de lo que es en esencia mi ópera favorita. Enterarse de los pormenores de las varias carreras de Beaumarchais e inferir a partir de ellos la ruta que seguiría su creatividad hasta llegar a la producción de su trilogía figarina ha sido uno de los momentos más destacables en mis lecturas de este año. Como mencioné antes, además de esta biografía, el Prof. Coward incluye varias y muy pertinentes notas a lo largo de las obras que se agradecen con el alma.
En este volumen se presentan las tres obras coprotagonizadas, como indica el título, por Fígaro (fortunatissimo per verità): aquel personaje insolente, perspicaz, y de gran inventiva (All'idea di quel metallo / Un vulcano la mia mente / Incomincia a diventar), cuya intervención resulta central para la feliz resolución de estas historias. Pero no solamente regresa Fígaro, sino también Rosina y el Conde de Almaviva; esta tercia funge como el eje sobre el que giran los tres relatos.
Cada pieza de la trilogía presenta una evolución particular, tanto en tono como en contenido. Pero ya que la introducción del Profesor Coward contiene un análisis muy ilustrativo de las obras de Beaumarchais, encuentro superfluo insistir sobre los mismos puntos, especialmente porque no me siento capacitado para aportar nada relevante. Por ello, me limitaré a hacer algunos comentarios sobre lo que me parece más pertinente, y casi siempre sobre las líneas de lo expuesto por el traductor.
La primera parte de la trilogía, Le Barbier de Séville ou La Précaution inutile, consta de cuatro actos y data de 1775. Es la historia que se conoce: El Conde de Almaviva se ha propuesto casarse con una joven llamada Rosina, a quien siguió desde Madrid hasta Sevilla. En dicha ciudad, ella vive con su guardián, el doctor Bartolo quien, además de mal administrar el dinero de su protegida, pretende casarse con ella. Dicho mal y rápido: esta es la historia de cómo Fígaro, el barbero y factótum de la ciudad, se las ingenia para ayudar a Almaviva a lograr su objetivo. La obra es completamente cómica, con cierta sátira social pero sobre todo jocosa. Las diferencias entre el original de Beaumarchais y la versión de Sterbini-Rossini son relativamente considerables, especialmente en cuanto al contenido satírico que se diluye bastante cuando degustamos ese pilar del repertorio operístico. No puedo opinar sobre las otras óperas porque nunca las he escuchado.
La segunda entrega en esta trilogía es del año 1781, se llama La Folle Journée, ou le Mariage de Figaro y está constituida por cinco actos. Si bien esta sátira sigue siendo cómica, el comentario social es bastante más marcado: es en esta obra donde más se habla de la opresión femenina. En particular, la contundencia con la que se expresa Marcelina en la escena 16 del III acto refleja la denuncia, por nombrarla de algún modo, que hace Beaumarchais de la opresión masculina sobre las mujeres. Evidentemente, hablar de un pronunciamiento feminista o querer ver en Fígaro a un aliado constituyen anacronismos que debemos evitar a toda costa, pero no puede negarse que hay un discurso claramente crítico del sistema patriarcal, especialmente cuando se habla de las víctimas de la conducta predatoria de los hombres, quienes se aprovechan de la vulnerabilidad en la que se encuentran muchas jóvenes. La adaptación operística a cargo de Wolfgang Amadeus Mozart y Lorenzo Da Ponte (1786) retiró todo lo considerado políticamente controversial, restándole fuerza al comentario que había logrado la obra en su momento.
La trilogía cierra con L'Autre Tartuffe ou la Mère coupable (1792), dividida en cinco actos, y que difiere notablemente de las anteriores por el hecho de no ser una comedia, sino un "drama moral". El Tartufo al que alude el título viene de la obra de Molière (1664) y es bastante transparente: el antagonista es un hipócrita, un impostor, que le ha costado a Fígaro muchos años de dedicación en su empresa para desenmascararlo. "La madre culpable" se desarrolla en París y coloca a Rosina en su punto más bajo en toda la trilogía, y al Conde de Almaviva en su punto de mayor enojo y resentimiento. Si bien sigue siendo orgulloso, puede apreciarse la evolución de Almaviva, pues ha dejado de ser vanidoso. No por ello, sin embargo, ha dejado de ser impulsivo ni de dudar de su esposa ni de la lealtad acérrima de Fígaro, especialmente estando bajo la influencia villanesca del Mayor Bégearss, quien busca destruir a la familia. Tristemente, sin embargo, Beaumarchais parece retroceder en su postura con respecto de las relaciones intergenéricas.
Si bien no suelo leer obras de teatro, disfruté mucho leyendo estas tres historias. Los personajes son entrañables, muy humanos, y el carácter de Figaro lo vuelve una leyenda, con su actitud desafiante y cuestionadora, su creatividad y su sentido de la lealtad. Sus momentos más contestatarios son los que, en mi opinión, más admiración despiertan; creo que todos deberíamos aprender algo de él. Gran lectura, la recomiendo ampliamente.
Beaumarchais, P.-A. C. de (2003). The Figaro trilogy (D. Coward, trad.) [edición eBook]. Oxford University Press.