Camila Torre Notari (Buenos Aires, 1987) es historietista, diseñadora gráfica, integrante de la Asociación Civil Viñetas Sueltas y tiene un taller de serigrafía. Publicó historietas en las antologías “Informe. Historieta argentina del siglo XXI” (EMR, 2015) “Dis-Tinta” (Sudamericana, 2017) y “Capisci?” (Estudio Mafia, 2017). Es autora de los fanzines “Grandes éxitos vol. 3”, “Gira de pizzerías” y “Las aventuras de Chelo y Cami por el mundo”, entre otros, y del libro “El tiburón diablo” (Editorial Burlesque, 2013).
Sobre el libro, escribe Caro Chinaski:
"Esta es la historia de todos los que amamos a los animales. Y de las madres que tienen que bancar a sus hijos que aman a los animales, que son el 99,9 por ciento de los hijos. ¿Y acaso no es la mascota un poco nuestro primer hijo? ¿Una práctica, muchas veces negligente, de lo que significa hacerse cargo de otro? Bueno, este es un libro también sobre eso: cómo hacerse cargo de alguien más por primera vez. "El ángel negro" se mete en tu vida ronroneando y se queda. Se acomoda en cualquier rinconcito que habilitemos y nos espera. No importa si te lo regalan o lo elegiste, lo leés en un toque y sin parar, después te sigue y se te queda pegado para siempre."
"No sé si te va a gustar" me había dicho un amigo hace unos meses "es la historia de una mina y su gato, nada más". Y es cierto, no hay -a primera vista- más que eso: una historieta autobiográfica (aparentemente, ya que el personaje principal se llama como la autora y apostaría que los amigos y familia como sus amigos y familia) que nos cuenta cuando Camila lleva a su casa -casa familiar- una gata negra. Cómo el animal se integra a la familia, con las consabidas quejas de su madre ("¡Siempre los termino cuidando yo!" dice la buena señora y no sin falta de razón), como se relaciona con Evaristo (el perro que ya estaba), como va pasando los días, como se le suma algún que otro animal, etc (y con alguna sorpresa dentro de este etcétera que no adelantaremos). Sí, tenía razón mi amigo. No hay nada más que esto. Pero Torre Notari logra que no sea poco e incluso logra que sea bastante. Que sea un "slice of life" entrañable, que despierte no pocas simpatías por los personajes -de dos y cuatro patas- apelando a un montón de situaciones que cualquiera que haya tenido mascotas (y mascotas en familia) entienda y se relacione. Y por encima del relato costumbrista autobiográfico, lo que tiene este libro -hermosamente editado por Maten al Mensajero- es un fínisimo humor. A este aspecto, e incluso siguiendo algo de su línea artística, Torre Notari se pliega bastante a la línea de Ángel Mosquito (de quien incluso fuera alumna, si no me equivoco) sin renunciar a una identidad propia pero haciendo sonar fuerte notas en coordenadas similares. Un relato chiquito, pero estupendamente bien narrado, en largo aliento -sus buenas 100 páginas- y con un ritmo envidiable.
Los cómics que tienen gatos me pueden, pero lamentablemente El ángel negro es una lectura qué pasó sin pena ni gloria. La historia está bien, pero sentí que no conectaba en ningún momento, algo le faltaba y en el final donde podrían haberle dado un sentido a toda la historia, quedó todo en el aire. Al principio pensé que la protagonista era una nena por sus actitudes, pero por la mitad de la historia me di cuenta que era más adulta, pero no había forma de que se notara.
Me gusta creer que los libros nos eligen, este me lo prestaron y ya quiero conseguir el mío. ‘El ángel negro’ de Camila Torre Notari de Editorial ‘Maten al mensajero’ con prólogo de Caro Chinaski es la historia sobre un gato llamado Petunio que nos enseña lo bonito que es adoptar mascotas, darles cariño, observarlas, conocerlas y tratarlas bien. Las aventuras de este gato se cuentan solo con tres colores: negro, blanco y amarillo. Ojalá pronto puedas leerla, está hermosa. Es para toda la familia.
Otro libro de historietas, también adquisición en la Feria Purrrr. Una serie de anécdotas gatunas con la que es muy fácil conectar: la llegada de una nueva mascota a la familia y todo lo que eso implica. Adopción, adaptación, visitas al veterinario, convivencia humana y animal y otras aventuras cotidianas de la gata Petunia... ¡que resultó ser Petunio!