Poesía dionisíaca que combina lo político con lo emocional en espasmos de dolor. Sobresale un manejo de lo temporal que parece más narrativo que poético, pero es en realidad otro desborde poético. Hay versos que parecen pasajes de cuentos de Saer cuando flagela verbos para describir el movimiento de pasar por una puerta. Como si fueran fotogramas en una antigua máquina de montaje. Adelante y atrás, quieto, atrás, adelante. El tiempo es todo y es nada. Gambarotta escribe versos feroces, corporales, ahogados en apasionamiento revolucionario. Como sabe que el pensamiento categorial es una ficción peligrosa, utiliza un simulacro de disyunción como axioma. En definitiva, la disyunción incluyente abarca la conjunción que deja sin sentido a la distinción categorial. Dice “o no pasa nada o no se entiende lo que pasa”. Lo que pasa es que pasa demasiado en sus versos, de ahí el devenir pasional. La insuficiencia es máscara de saturación, por eso es una poética de indefensión. Y sigue, porque no termina todo en una indefensión aprendida que paraliza hasta la muerte como pasa con las ratas de Martin Seligman. Asume la derrota de la política, del lenguaje, de la vida y lucha desde ahí. Un Sísifo argentino fogwilliano.