La masturbación femenina es el tema principal del libro editado por Sandra Campó, escrito en la íntima primera persona del singular de siete mujeres. La escritora peruana, que desde hace cuatro años está al frente del blog "Chicas Malas", y también se encuentra a cargo del club de lectura "Las Libres", donde se busca denunciar la invisibilización de las autoras en la historia de la literatura y la discriminación sexista que sufren ellas en el mundo editorial.
Hoy tengo ganas de mí, por tanto, habla de muchas más cosas que placeres carnales. Son sietes textos autobiográficos escrito por siete voces femeninas que tratan de reivindicar aquello que las mentes más conservadoras de nuestra sociedad le niegan a la mujer: su derecho a hacer con su cuerpo lo que le plazca.
Presentándose así a la masturbación femenina como una revelación, un acto de autoconocimiento corporal y autonomía sexual, conllevando asimismo autoestima y autoafirmación, al final llegan a hacer de ello un acto político de independencia y bienestar social:
«…una no puede pensar en liberar los espacios públicos, que se encuentran todavía reprimidos y por los que tenemos que seguir luchando, si es que nuestros espacios íntimos no han sido liberados por nosotras mismas […] si todas las personas, hombres y mujeres, tuviesen un orgasmo al día, un orgasmo como quien toma el desayuno, viviríamos en una sociedad feliz, tranquila, en armonía, nos entenderíamos mejor.»
Este es un libro lleno de erotismo femenino. Es un libro muy corto pero entretenido. Despierta mucho la imaginación y si bien va dirigido a un público femenino, los hombres también pueden aprender mucho de sus parejas y amigas con las voces de estás mujeres que lo cuentan todo sin pelos en la lengua y nos hacen ver como sienten desde su perspectiva y sus deseos.
Me pareció muy bueno el concepto. Sin embargo, creo que algunos relatos sonaban muy condimentados, y eso hacía que pudiera perderse el interés por un momento. Fuera de eso es una lectura ligera y entretenida.
«Si me pidieran que inventara un nuevo nombre para ella, yo la llamaría libertad. Porque en mi caso fue eso: masturbarme fue una manera de liberarme, de conocerme y de saber qué cosas me daban placer».