Un juguete. Magia. Una nacionalidad. Una manera de ser. Entretenimiento. El lenguaje es estas cosas y mucho más. "La lengua es la patria", nos recuerda Juan Gossain que dijo alguna vez don Rufino José Cuervo. El idioma, que usamos día tras día y hora tras hora, que está vivo y en permanente mutación y cambio, con palabras y letras que nacen o mueren en su permanente devenir, aquel por el que las academias de la lengua se afanan por fijarlo y pulirlo pero que en realidad está determinado por su uso y determina la vida de los que lo usan, ese lenguaje hermoso y sonoro, en el que caben las más altas grandezas, pero también las más ínfimas miserias humanas, es invocado, celebrado, ensalzado y adorado en este libro por el reconocido escritor y periodista nacido en San Bernardo del Viento pues, al fin y al cabo, como él nos vuelve a recordar, no en vano Rubén Darío, el padre del modernismo y figura capital de la poesía latinoamericana, nos legó a los hispanohablantes una plegaria para implorar por el cuidado y buen uso de nuestra preciada lengua: "Padre nuestro / que estás en la Tierra / señor Don Quijote...".
Debo confesar que tenía expectativas moderadas de este libro; no obstante, lo disfruté de cabo a rabo; me hizo reír a carcajadas y me solacé con las ocurrencias, burla burlando, que Gossain hace de sí mismo y de los exquisitos caprichos del lenguaje; caprichos más sabrosos que una masa de fécula con el ovoide producto de la consorte del gallo agazapado en su interior, en una radiante mañana cartagenera.
Divertida forma de saber el origen de algunas palabras, recorrido con mucho humor de nuestro idioma cotidiano, lo que más me gustó fue el relato de la globalización en nuestra manera de referirnos a las cosas que aveces raya en lo ridículo, perdemos mucho de nosotros con tal que los demás nos acepten.
Tiene algunas cositas (datos curiosos) que le rescato pero detesté la forma de escribir de Gossain, escribe como si estuviera dictando un curso para primaria (al menos en este libro). Se pierde demasiado en anécdotas personales carentes de relevancia para el libro. Sentí que estaba galardonándose a si mismo más que escribiendo realmente sobre ''el lenguaje''. Muy flojo.