Joan y Laia, una joven pareja de arquitectos en crisis, viajan desde Barcelona hasta un pequeño pueblo del sur para asistir al entierro del padre del primero, del que nada ha sabido en toda su vida. Cruzarán un país, tanto su territorio como su pasado reciente, para unir las piezas de un relato del que inevitablemente forman parte. Una historia ocurrida justo antes del nacimiento de Joan y que tiene como principal escenario las últimas minas de plomo perdidas entre los olivares. Como las figuras sepultadas en Pompeya, en la tierra rojiza del sur esperan otros hombres y mujeres para contarnos su historia: Emilia, Antonio, Beatriz y Samuel.
Ahora tan sólo quedan una pequeña piedra y una carta como herencia aún ininteligible. Éstas son las pistas que Joan y Laia seguirán para tratar de comprender la geometría familiar y así quizá poder empezar de nuevo. Porque los países y las familias son también aquello que necesita ser contado y aguarda su momento preciso. Para que nuestra herencia no sea el silencio. Porque el vínculo no desaparece y siempre estamos a tiempo de cuidarlo.
«En La geometría del trigo también pervive este enigma (quizá el germen de toda fundación humana, también origen de la familia, acaso otra manifestación de la duplicidad de los deseos), el de entregarnos en el amor para no morir; el de trascender en algún sitio, en algún otro o de algún modo, a pesar del fin de todo» (del prólogo de Daniel López García)
"Te parecerá idiota. Pero cuando estoy dentro de la tierra, con los ojos fijos en la roca, golpeándola una y otra vez, una y otra vez, y de repente arranco la galena de la piedra, ¿la has visto alguna vez?, y la pongo así, en la palma abierta de la mano, y acaricio despacio su forma, imperfecta y brillante, te parecerá idiota, estoy seguro, pero entonces me parece que Dios tiene que existir o al menos algo que se parece a Dios. Mírala. Y si Dios, o algo que se parece a lo que llamamos Dios, es capaz de crear algo tan hermoso y sepultarlo en la tierra, sabiendo que quizá nunca verá la luz, es que hay un orden que desconocemos pero que da sentido a todo lo que somos. ¿No lo crees?"
Meu deus, que absoluta barbaridade, unha pedrada na fronte doe menos. Hoxe precisamente falaba con Sandra que cos libros hai que chorar e que había que deixar de ler homes. Eu, que veño chorando na Renfe, engado que hai que ler maricas.
Una obra teatral impecable, perfecta, adictiva. Jugando con el presente y el pasado Alberto Conejero ejecuta una trama en tres generaciones. La madre y su inmovilismo, su miedo al cambio. El trío del amor, amor prohibido y amor por qué es lo que tiene que ser, y la pareja que repite patrones genealógicos. Qué belleza en la forma de jugar con las palabras, las sutilezas y los personajes, haciendo de ese juego una obra de arte literaria. El teatro de Alberto es dinámico, llevado lo clásico a lo moderno y dejando pizcas de grandes dramaturgos como tributo y gratitud hacia ellos.
La historia en general me ha gustado, corta a lo mejor, pero es un texto muy bien escrito y cuidado. Algo que me ha atraído (por la proximidad que tengo) son las localizaciones en las que se desarrolla la obra. El punto en contra que le veo es que los personajes andaluces no tienen ninguna expresión andaluza, podrían ser de aquí o de Soria y nadie lo notaría.
3,5 estrellas Una obra de teatro que se lee en un pis pas pero que te deja varios puntos a reflexionar. No quiero decir mucho sobre ella porque es tan cortita que posiblemente destriparía más de la cuenta. Baste decir que uno de los protagonistas viaja al pueblo para asistir al funeral de su padre, un padre del que apenas sabe nada. Una obra sobre todo aquello que no dijimos cuando debíamos.
Hoy justo que se estrena esta obra en el Teatro Galileo de Madrid me he topado con esta obra y ha sido un flechazo. No tengo la mente suficientemente preclara como para hacer una reseña, pero se resume en que es una obra maestra.
Laia insiste en acompañar a su pareja Joan, quien se ha enterado del fallecimiento del padre al que nunca conoció mediante un amigo del difunto. El por qué de esta situación se halla en la generación precedente, a la que nos asomamos para entender que ocurrió entre sus padres y aquel amigo.
Esta breve obra de teatro se va parando en varios momentos del viaje de Laia y Joan, que queda intercalado por diálogos entre los padres de Joan, así como escenas con el amigo Samuel y palabras de la abuela. Varios de estos personajes siguen hablando a lo largo de las generaciones, cruzando los tiempos para lanzar su visión sobre los distintos puntos cronológicos. El factor escondido en la trama es intentar comprender por qué el padre de Joan, si tenía una buena relación con su mujer ya embarazada, desapareció de la escena de ella y del futuro hijo en común.
Es una obra que, al fin y al cabo, habla de cómo se debe aceptar el amor, con todas las consecuencias y habla de la problemática sobre esta decisión a los demás. Acompaña al texto un prólogo que teoriza sobre aspectos concretos, por lo que, como se recomienda, conviene leerlo al final.
Tristísima belleza, profunda y sublime. Es una obra que me emocionó y me dio muchísimo que pensar.
De Conejero ya leí y amé además La Piedra Oscura; con La Geometría se ha cimentado en mí como un autor al que siempre seguiré. Además, está escrita con una prosa tan exquisita y poética -aún en las acciones-, que no imagino la vasta libertad o los reducidos límites que un texto así representa para quien haya tratado de adaptarla, lo que me hace desear verla en escena quizás hasta el cansancio, por tantos directores como me alcance la vida.
Mientras no me sea posible, me basta la soltura con la que esta pieza dramática deja interpretar sus imposibles por la imaginación, pues esta solo es característica de una obra cargada de amor al lector, lo que a su vez la vuelve perenne y trascendental a nuestro tiempo.
La gente muere y sólo queda su nombre. El amor muere y sólo queda su nombre. Por eso yo no hago más que repetir palabras, palabras como otros abrazan reliquias. Desde este lugar, desde esta luz que nunca se termina porque no puede terminarse.
Esta obra teatral ha sido toda una sorpresa; breve pero certera, narra las relaciones familiares y los vínculos de 6 personajes que transitan entre el sur (se intuye, Andalucía) y la ‘huída’ del entorno rural al mar (Barcelona, la gran ciudad).
Se van mezclando dos líneas temporales que, mediante la narración, nos trasladan hacia atrás y adelante en el tiempo, para explicar una historia muy emocional en la que confluye el clásico pasión/pulsión vs. sentimiento. En ciertos momentos los personajes dialogan, generando una suerte de atemporalidad que tiene más que ver con las raíces y lo familiar, dotando a la obra de un matiz de mayor complejidad y profundidad emocional.
En resumen, es toda una experiencia breve pero intensa, como mojarse los pies en el mar en un día caluroso de verano. La prosa es exquisita y la historia ha sido cuidada para hacernos empatizar con todos los personajes. Recomendadísimo.
“…un intérprete que finge dos edades en un cuerpo”.
“BEATRIZ.— Puede que el amor tenga esta o aquella forma. Que sólo falta detenerse y comprender. Sin pensar, sin escribir, sin decir. Pero entonces no supe entenderlo, no pude entenderlo. Y viví mi vida como una extraña: sin él, pero a su lado. Te imagino ahora en el camino”.
“Mejor que cierren las minas, las minas hacen a los hombres tristes. Yo no te quiero así. Yo no quiero que mi hijo tenga un padre triste”.
“De cómo te vamos a contar el mundo, hijo mío: te vamos a hablar de dónde salen las arrugas de los olivos; por qué se abrazan los hombres y las mujeres, pese a todo, pese a todo; te vamos a hablar de ciudades que ya no existen y por qué los animales lloran cuando mueren”.
“T’he acariciat la nuca. No sé si te n’has adonat”.
“Déjame que intente la vida sin ti, eso sólo te pido”.
“EMILIA.— La gente muere y sólo queda su nombre. El amor muere y sólo queda su nombre. Por eso yo no hago más que repetir palabras, palabras como otros abrazan reliquias. Desde este lugar, desde esta luz que nunca se termina porque no puede terminarse. (Pausa.) No duele la muerte entera”.
“Claro que lo he pensado. Claro que he sentido esa amargura. Toda mi vida. Pensar que nuestro amor había nacido del daño”.
“Porque necesito saber si hay algo que el amor entregue y que no muera con nosotros”.
Bof me ha gustado un montón, y además creo que es la primera vez que leo una novela teatral contemporánea. No necesita un estilo narrativo rebuscado (ejemejem) para ser original y novedoso. Tampoco necesita crear falsa intensidad para intentar dotar de profundidad a sus personajes. A partir de una aparente sencillez y de una estructura espacio-temporal fluida, consigue que se entienda y se empatice con cada uno de los personajes, aunque siempre parezca que los ves por una mirilla. Diría casi que este libro no se lee, sino que se entre ve. Las conversaciones a veces no acaban, no se dicen nada entre ellos, pero porque no hace falta. Esto hace que las situaciones sean más naturales, más realistas: consigue, con menos información, que te imagines mejor la escena. No quiero desvelar mucho sobre la trama, sólo diré que es un libro muy cortito, fácil de leer y que se lo recomendaría a cualquiera. Yo, por mi parte, espero poder comprarmelo pronto, que hay cosas que quiero subrayar. De hecho voy a leerme el prólogo que decía que se dejara para el final.
Una obra que refleja la frustración, la insatisfacción de no darnos la oportunidad de escucharnos, de no querer sacar a la luz nuestros verdaderos deseos, de reprimirnos por miedo a nosotros mismos Una obra que, aunque se lea en lo que dura un vuelo a Praga, te hace ver, quieras o no, conexiones con tu tierra, con tu pasado y con tu familia.
"Yo estaba allí, en Francia, y no me iban mal las cosas, pero es que no es suficiente con que no nos vayan mal las cosas, es que nos tienen que ir bien, nos tienen que ir bien, amigo; aquí nos enseñan a vivir con miedo, a no hablar por miedo, a no hacer por miedo."
llorando a moco tendido en un bus plm rodeado de otras 40 personas, en el viaje de vuelta de una escapada de finde a madrid para ver a nathy peluso. agadeciendo por un momento ir con mascarilla para disimular mi cara de cuadro y planteándome seriamente pedirle un clínex a un grupo de señoras logroñesas que se están zampando juntas un bizcocho que se les ha caído al suelo durante el viaje.
Es una obra de teatro que a pesar de su brevedad es muy dinámica, quiero decir, hay muchos cambios de tiempo y de espacio, con lo que si se lleva a escena será un reto plasmarlo en el escenario. No quiero contar mucho de la trama pues por lo poco que diga puede resultar spoiler. Solo comentar que el título es muy curioso, pues podemos imaginarnos las relaciones entre los distintos personajes como una red geométrica en la que todos están relacionados de alguna manera. Es bastante interesante.
Tengo debilidad por las historias de amores oscuros y pasiones escondidas. Aquí están, de hecho, enterradas en roca. También me subyugan los dramas de fuego lento enraizados en un lugar tan concreto que resulte un personaje más. Pero por encima de mis filias personas y mi sesgo guimeriano está la poderosa escritura de Alberto Conejero.
Holy crap. I loved this play so much. Im not gonna lie. I think it's my favorite play ever. Oh my God. I don't think I'm getting over this. Holy crap. Oh my God. Holy shit. WOW. JUST FUCKING WOW. I CAN'T. IM READING THIS BOOK AGAIN. NOT NOW CAUSE ITS 2AM BUT MAYBE TOMORROW. OMG I LOVED IT. FUCK!
Una obra que da cuenta de los silencios con los que se construyen las familias y de la forma en que pasado y presente se cruzan y se afectan. Intensa, lorquiana, almodovariana.
"Ha llegado el momento… ¿He sido feliz? Si el hombre pudiera no tener que ser uno / Pero, sí, en cierto modo, lo fui. Cuando cerré los ojos, con tu mano, Samuel, sentí también tu mano, Beatriz, y entonces llegó el más triste de los alivios. [...] Y me imaginé contigo, Joan, enseñándote los nombres de los minerales, el secreto de las glaciaciones, las costuras de este mundo, la geometría del trigo. La vida que te inventé para sobrevivirte. Regresa. Márchate. Nunca el vínculo se ha disipado. Pero ya la tierra tiembla. Y dice mi nombre. Piadosa."
Que cortito, que doloroso y que bueno. Tiene que ser una maravilla ver esto representado.
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Una pareja en crisis viaja de Barcelona al sur de España a enterrar al padre de él, al que no conoció. En la obra de teatro por capítulos te muestran por qué no lo conoció y la historia de sus padres en diferido. Curiosamente, al enterarse se le cae la crisis y tiene nuevas motivaciones. Seguramente puesta en escena tenga más fuerza, como suele ocurrir con el teatro.
Me habían hablado muy bien de él y quizás por eso no ha cumplido todas mis expectativas. Hace mucho que no leía teatro y quizás por eso me ha parecido que la historia está contada "por encima". Me he quedado con ganas de profundizar más en los personajes.
Una pieza soberbia que llama a ser releída una y otra vez. La sensibilidad de Conejero es adictiva y su capacidad de transportarte allá donde él desee te hará viajar y sumergirte en esta dolorosa y bella historia.