En general estoy de acuerdo con Bueno, quien da comienzo a su ensayo separando dos ideas claves, a saber: la idea de cultura subjetiva y de cultura objetiva. La primera, que debe entenderse a partir de su sentido original -el cultivo de la tierra, la agricultura-, implica una suerte de formación o educación de la persona, como quien se dedica a aprender un idioma nuevo o memoriza las tablas de multiplicar. La "objetiva", en cambio, ya no es personal sino que envuelve a la persona. Es una idea muy posterior,"inventada" por el idealismo alemán (en especial, Fichte) y que, a día de hoy, supone una transformación secularizada del antiguo Reino de la Gracia: antaño nos reuníamos en la iglesia para rezarle a Dios, y ahora la comunión es con los fieles que hacen cola en la ópera para rezarle a la idea de Cultura. Y esta cultura, que ya hemos definido como "objetiva", resulta peligrosa porque acaba por convertirse en concepto -y arma- político: la cultura de tal nación, la cultura de tal pueblo... Es decir: es un mito, y además un mito oscurantista.
Si bien concuerdo en líneas generales con Bueno, creo que, cerca de 30 años después, este ensayo pierde un poco de fuelle por centrarse tanto en ejemplos de cultura objetiva (ópera, museos...) que hoy han perdido el interés de las masas, ganándolo otras "formas culturales", marcadas por los avances digitales, el incremento sin parangón del turismo o la sustitución del cine en favor de las series a la carta. En otras palabras: ¿y si por vez primera en años nos está empezando a dar un poco igual lo de la cultura del pueblo? Ojalá un "Mito de la cultura" reescrito, o al menos reinterpretado, a día de hoy.