La difusión del revolucionario "sistema" con que stanislavsky enriqueció el teatro del s. XX, ha sufrido una serie de oscuerecimientos que han dificultado su recta apreciación. Sólo pudo superviar en vida la primera parte de su libro El trabajo del actor sobre sí mismo. La visión de su trabajo es incompleta si no se la considera conjuntamente con El trabajo del actor sobre su papel. La aproximación norteamericana tiene su fuente en un encuentro de pocas semanas entre el mismo Stanislavsky y Stella Adler en un momento en que las investigaciones del director ruso no habían alcanzado el contratste a que las sometió más tarde. La mayor parte del conocimiento que tenemos de Stanislavsky llega a España y Latinoamérica a través de la versión estadounidense que soslaya la enorme importancia del habla escénica reduciéndola a la mera interioridad. La prueba a que fue sometido el sistema por E. Vatjángoc, V. Meyerhold y M. Chéjov hizo revisar al gran maestro sus aproximaciones; y así surge al final de su vida el sistema de las acciones físicas donde la aceleración del proceso de construcción del personaje se halla en la elucidación física de la acción, mucho más potetente que la elucidación psíquica a la que hasta entonces se había dado preeminencia. María Ósipovna Knébel fue discípula directa de Stanislavsky, compañera y amiga de E. Vatjángoc y M. Chéjov, de quien editó su legado fundamental, El arte del actor. El Último Stanislavsky - el análisis activo - es una extraordinaria herramienta empleada por muchos directores de todo el mundo, que ya da sus frutos en los trabajos de La Abadía y que en la práctica se convierte en una guía esencial para el actor, un mapa para orientarse en el océano de palabras que es el texto teatral.
Una introducción y compendio, en transversal, del sistema de Stanislavski, aunque le reprocho por una parte la falta de claridad, cierta tendencia a la vaguedad, en su intento de crear un resumen asequible, y por lo tanto, a veces, muy vago y difuso... Y sobre todo por SILENCIAR dos aspectos que Stanislavski cuidaba mucho. Por una parte, la aparición de la intervención orgánica como submisión de lo subconsciente de la actividad del actor en la línea de acción continúa y el objetivo, y el tremendo y muy positivo materialismo de Stanislavsky, que le permitió evolucionar y llegar a la formulación del sistema de acciones físicas. Aquí, lo objetivo de Stanislavsky, lo concreto, se difumina en un idealismo que acaba siendo idealismo sometido a la ideología del Partido... Sí, a eso llega este libro.... Y el relegar el si mágico, que sólo se cita una vez, con lo que se pone en duda la autonomía del creador, posiblemente. Se hecha en pena leer a Stanislavsky en primera persona, y me temo que este libro es una traición contra su gran categoría interpretativa, como director y como investigador. Mejor, leer El proceso del actor sobre sí mismo en el proceso e las vivencias, asequible en español... O las magníficas transcripciones de sus trabajos de dirección por Nikolai M. Gorchakov y Vladimir O. Toporkov, editadas por Escenología. O leer a Eines o Mamet o Barba, que nos ofrecen más posibilidad para reflexionar sobre Stanislavsky.