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88 pages, Paperback
First published January 1, 1967


Y una cosa más: El mar de Pushkin era el mar del adiós. Así- con los mares y con las personas-no son los encuentros. Así son-las despedidas. Cómo podía yo, saludando al mar por primera vez, haber sentido lo que sintió Pushkin cuando se despedía de él para siempre. Porque Pushkin lo veía por última vez.
Mi mar-el del elemento de Pushkin- era el mar de la última vez, de la última mirada.
(…) -o quizás sin ningún porqué- todas las cosas en mi vida las he amado y he querido por el adiós y no por el encuentro, por la separación y no por la fusión, y no para toda la vida-sino para toda la muerte.
Y, en otro sentido, del todo distinto, mi encuentro con el mar resultó ser precisamente mi despedida de él, una doble despedida- el adiós al mar del elemento libre, que nunca estuvo frente a mí y que yo, apenas di la espalda al mar real, reconstruir-blanco sobre gris-pizarra sobre pizarra, -y el adiós a aquel mar real, que estaba frente a mí y que yo, a causa del primero, ya no podrá amar.
Y- diré aún más: mi infancia inculta identificaba el elemento libre con los versos, y eso resultó ser verdad: el “elemento libre” resultaron ser- los versos, y no el mar, los versos, es decir, el único elemento del cual no te despides- jamás.