El estudio de LA LOCURA exige como paso previo, señala ANDREW CROWCROFT, una clara distinción entre neurosis y psicosis. Para las personas dominadas por estados de ansiedad, histerias y obsesiones, el carácter de la realidad permanece inmodificado; por el contrario, para el psicótico son los hechos mismos los que resultan alterados o se ordenan según pautas ajenas al mundo de la lógica. Ya dentro de la auténtica demencia, hay que diferenciar las psicosis orgánicas (en las que los factores somáticos tienen decisiva importancia) de las psicosis funcionales, entre las que figuran las afectivas o maniacodepresivas y las esquizofrenias (habitualmente agrupadas en simples, hebefrénicas, catatónicas y paranoides). A la descripción del cuadro clínico de cada una de estas variantes sigue una consideración acerca de la influencia del medio cultural sobre las enfermedades mentales -tanto para su conceptuación como por su surgimiento-, y el estudio psicodinámico de la personalidad psicótica, que pone de relieve las sorprendentes analogías entre las fantasías y ansiedades infantiles y el mundo de la locura. La obra se cierra con un examen de la terapia de las enfermedades mentales, en la que está llamada a jugar un papel cada vez más importante la reincorporación del psicótico al entorno social y familiar después de su internamiento clínico.