¿Cómo no desearla? ¿Cómo no apartarla del depredador que la retenía contra su voluntad? Cuando la conoció, Irina se convirtió en el sentido único de su vida. Quizá, también, en la puerta de entrada hacia su muerte.
Es una gozada leer a Virgina porque te va colocando todas las piezas que necesitas para seguir la historia sin asfixiarte a descripciones. Hay relatos en los que fuerzo la imaginación con nuevos lugares e intentando vislumbrar el mismo punto de vista del autor, pero con ella todo fluye. Cuando he terminado el relato he sacudido la cabeza como si estuviesen encendiendo las luces del cine. He salido de su embrujo literario. Como dicen en otras reseñas, el final no es una sorpresa, pero sigues leyendo por sí... Y da mal rollete. Da mucho mal rollete.
No pensé que fuera a acabar así. Pensé que le daría una vuelta, que no podría ocurrir lo que pensaba que iba a ocurrir... Me equivoqué. Esto queridos míos, es el verdadero terror de los seres sobrenaturales.
Aunque es cierto que no es ninguna sorpresa ese final (la autora nos aporta toda las pistas necesarias para verlo venir) el relato es muy bueno, de los que te dejan incluso con mal cuerpo.
Creo que este es el relato de Virginia que más he disfrutado hasta el momento. Es oscuro y denso como el alquitrán o la lava templada. Se mueve garganta abajo con la cadencia de una serpiente.
Habla de sentimientos y deseos inaceptables. Y lo hace con la maestría necesaria para que, desde el más profucndo horror, seas capaz de ponerte de parte de todos sus odiosos personajes.
Leélo si quieres comprobar hasta donde llegan los límites de tu moral.
Me ha gustado mucho el relato. Tiene un sabor muy clásico, muy de otra época. El final se veía venir, supongo que a propósito. A mi, personalmente, me gusta más que me sorprendan, no ser capaz de percibir las pistas hasta que leo el final, y entonces pensar ¡qué tonta, pero si estaba todo ahí! Pero, evidentemente, esto es cuestión de gustos, y el relato es muy bueno.
Brutal. Y es difícil conseguir algo brutal cuando ves venir el final. Porque intuyes, por las pistas muy bien dejadas, todo lo que va a ocurrir, esperando que no ocurra.
Pero Irina es mala gente. Y Virginia muy buena escritora.
Me ha parecido que el relato iba hacia un sitio y, en efecto, allá que ha ido. No por adivinar el final me ha parecido menos disfrutable: me lo he tragado con patatas y he remojado con pan el caldico. Tiene sabor a clásico de terror de los que solía leer hace años. Por lo que he leído de Virginia, me parece que es una escritora muy versátil y creo que debemos de estar atentos a ella.
Un poco como si Nabokov escribiera "Déjame entrar". Lo previsible del final no le resta encanto al relato. Personalmente, no suele importarme que el final no me sorprenda si el camino me gusta, y el camino me ha hechizado. Maravilloso.