Es una historia sencilla, con personajes reales con los que uno logra identificarse. Lo leí después de haber visto la película "Amalia, la secretaria" y creo que debería hacerse al contrario.
Esta es una historia de amor que no fue, de fracasos y de errores, pero como me gustan las historias de esa gente a la que la sociedad llama perdedores, gente que no tiene la sonrisa perfecta, que no viven como la publicidad dicta, que no tienen la palabra precisa. Amalia es el símbolo de todos, con miedos, taras, rarezas y angustias, y su vida rutinaria se ve afectada por la llegada de Lázaro. Es una historia mínima bien contada, me quiero ver la película 4.2
Qué geniales los personajes y la trama sencilla, también esa imagen que la historia deja en las últimas tres líneas.
Me cansó un poco la carreta, los análisis pseudointelectuales de 5 páginas que nada aportaban a la trama. Confieso que varias veces me los salté. También a algunas escenas les faltó algo de desarrollo.
Antes de leer este libro ya había visto “Amalia, la secretaria”, adaptación de esta novela corta. El libro, así como la película, me gustaron mucho, pero tienen un final distinto, entonces cuando estaba leyendo y se acabó, sentí que me quedó faltando una parte.
Las siguientes notas fueron tomadas de esta novela: • Lo cierto es que sonó una de esas músicas que convierten cualquier espacio en cantina y no queda otra opción que beber, fumar y mirarse para adentro. • Entre ellos no regía la costumbre tan colombiana de saludarse preguntando por la familia, la salud, el estado del sueño la noche anterior, la lista de actividades recientes y cuanta frase vacía se viene a la mente. Los tenía sin cuidado esa seguidilla de preguntas retóricas que en lugar de indagar información concreta no pretenden más que rellenar con musicalidad verbal unos minutos y demorar el arranque de cualquier actividad productiva. • Emborracharse no protege ni al que se acerca ni a la que lo ve acercarse de una tensión que crece proporcionalmente con la reducción de la distancia entre ellos. A menudo acaban estrellando sus hombros, y siguiendo el mismo protocolo de la nave que falla acoplándose a una estación espacial, deciden abortar la misión. Desvían el rumbo disimulando sus intenciones. • Estuvo sentada doce de las dieciocho estaciones de un recorrido que se tardó 10 minutos menos gracias a la reducción en la densidad del tráfico. Bogotá se comprimía y estiraba porque sí • Un niño alemán o chino siempre tendrá otros valores a los cuales aferrarse. El colombiano probablemente no. Desde muy temprano en la vida hay que jugarse el futuro en la pista de baile. Y ese niño no necesariamente tiene un talento que le viene por naturaleza. • Un ejemplo de esta infortunada coyuntura de los bogotanos se manifiesta cuando un individuo masculino pretende acercarse a uno femenino, en medio del fragor de una fiesta, con la intención de establecer un contacto inicial que debería llevarlos a la danza en pareja. Quizás al coito. • —Me parece el colmo que usted me haya estado invitando a bailar cuando ya tenía con quien entretenerse. Le gusta jugar a varias bandas, ¿no?