• Por azar. Por puro y ciego azar, como sucede todo en este mundo.
• Dentro de los límites de la razón, que es lo único que tenemos, la existencia es irrazonable. Y con eso basta.
• La vida de los humanos, en definitiva, no era sino un desesperado y siempre fracasado combate contra la muerte. Cada cual luchaba como podía, como sabía.
• Todo poder lleva en sí mismo el ansia de perpetuarse, la tentación de lo absoluto.
• Se detuvo, inseguro. Y luego se inclinó y la besó torpemente en los labios. Entonces en el interior de Agua Fría se declaró un incendio y la naturaleza reclamó por vez primera sus derechos.
• Así transcurría su existencia, en una dualidad desazonante, bajo el disfraz de una perfecta sumisión.
• Era esa hora sin nombre, el justo momento en que se cruzan la noche y el día; y en el cielo se dibujaba, pegada al horizonte, una línea de luz incandescente.
• La perfección no existe. La eternidad tampoco. Esas son las mentiras con las que la Ley nos ha ensuciado la cabeza.
• Porque cada cual es dueño de su destino… o al menos debe actuar como si lo fuera.
• Apenas si somos una mota del polvo cósmico, un minúsculo accidente dentro del caos universal, y, pese a ello, hemos entablado un combate a muerte de nuestra voluntad contra el azar.
• Estaba lastrada por el peso de la memoria, que es un huésped doloroso y exigente.
• El mundo cambia constantemente y no está regido por la necesidad, sino por el azar. Por el más insufrible, estúpido e inadmisible azar.
• Porque el tiempo es una creación del Cristal, un piadoso espejismo que nos ha sido otorgado a los humanos para que nuestras débiles mentes no se destruyan ante la insoportable contemplación de la eternidad.
• —Escucha, Agua Fría: la vida es una sustancia siempre en fuga. Sólo puede ser contemplada con el rabillo del ojo: si la miras de frente se te escapa —le decía a veces Mo.
• un universo eterno y ordenado resulta mucho más consolador que esa atroz estupidez del ciego azar.
• La última vez que contempló el techo, por lo tanto, lo hizo de ese modo descuidado en el que solemos desperdiciarnos los humanos, mirando como si el mundo que vemos fuera a perdurar para siempre, como si fuéramos eternos.
• Contemplaba ahora a la criatura y le parecía imposible que en tan poca cosa pudiera caber una existencia entera; los odios y los afectos, la generosidad y la traición, el miedo y la risa.
• Las arrugas de la edad anidarían lentamente en su piel curtida y un día, un día que ya estaba marcado en su calendario, cerraría los ojos definitivamente y desaparecería en el pozo sin fondo de la muerte. De la muerte verdadera.
• Sentía por Zao algo que no había sentido antes: el deleite de la sumisión y el odio por experimentar ese deleite. Zao era el otro, el enemigo. Un atractivo abismo destructor. Quizá toda esa confusión no fuera sino amor, pero Agua Fría se sentía profundamente enferma.
• —Ahí reside nuestra grandeza: aun conociendo nuestra insignificancia, aspiramos al máximo. Lo que nos humaniza, lo que nos diferencia de los animales, es precisamente esa desfachatada ambición de ser felices. De controlar nuestras vidas y convertirnos en nuestros propios dioses.
• —Por qué me lo has contado… Yo no quería saberlo, no quería saberlo… —Pero es la verdad. El desconocimiento de los hechos no impide que éstos existan. —Y el conocimiento tampoco… y duele mucho. —Sin embargo, el saber la verdad puede serte muy útil… aunque ahora no lo comprendas.