Muchos piensan en Marte como el lugar al que migraremos cuando la vida en la Tierra ya no sea posible. ¿Qué encontraremos en cada viaje, en las múltiples idas y venidas que daremos para descubrir un nuevo hogar?
Quizás a su propio modo, cada uno de los personajes de este libro busca refugio de una Lima que los hace sentir excluidos y solos. Algunos no hallarán más que la confirmación de su exilio y otros se entretendrán explorando lo desconocido por el simple gusto al desenfreno.
Breves Paseos por Marte no trata de extraterrestres, sino de personas que buscan un lugar donde pertenecer.
Si bien inicialmente lo califiqué con 3 estrellas, luego de una relectura largamente postergada al cabo de un par de años, me animo a ponerle 3.5 (redondeado en 4) con mayor entusiasmo. El debut de José de la Peña muestra un clara evolución a partir del tercer cuento, pues según señala él mismo, los relatos aparecen en el orden en el que fueron escritos. Existe una inquietud latente en su escritura, una pulsión entrevista en párrafos por donde el buen oficio del autor se cuela como un grito largamente postergado, ramificándose en monólogos interiores y marejadas de consciencia que evidencian su sensibilidad y su talento natural para narrar historias que consiguen mantener con garra la atención del lector (a diferencia de otros narradores peruanos aparecidos en los últimos años). El verdadero acierto de José de la Peña es mostrarnos una visión descarnada, honesta, la cual se traduce en relatos vivenciales como "Santa Anita" o "Veinte soles y un gramo y medio", ambientados en distritos populosos, que pudieron hacer las delicias de los críticos literarios que se quejan del 'aburguesamiento' de la literatura peruana actual pero que, a la hora de sus conteos, ignoran libros como el que nos ocupa, por no pertenecer a su argolla esnob que gusta de citar oscuros autores norteamericanos o europeos, pero incapaces de fijar su mirada en lo que se produce en su propio país. Sin embargo, el autor va más allá y nos entrega relatos de efluvios candentes como "Wolverine es cabro" e, incluso, pone punto final al libro aventurándose en la ciencia ficción con "Las videoideas", mi cuento favorito, que podría formar parte de la nueva ficción futurista a lo Black Mirror que tan bien ejercen otros narradores peruanos contemporáneos, como Juan Manuel Robles. Faltó, quizás (y esta es una opinión muy personal sujeta a la equivocación) que el manuscrito fuese trabajado más exhaustivamente, poniendo mayor atención a la melodía de las frases y al cierre de algunos párrafos, todo aquello por supuesto sin desmerecer la labor de sus editores. Como lo dije en su momento: estamos aquí ante un auspicioso debut, e igualmente esperamos con ansias los próximos libros de este joven autor.
Mi historia con los Paseos comenzó cuando me enteré que uno de los cuentos se llamaba “Wolverine es cabro”. ¿Cuál podría ser la historia detrás de eso? ¡Es Wolverine! Por eso, cuando recibí el libro, ese fue el primer cuento que leí. El antepenúltimo del libro. Todo lo que me vendió el título estuvo bien, aunque la información que obtuve afectó a mi inner cucufato. El cuento es un «Call me by your name» brutal, realista, ¡con Wolverine!, poco floro en sus cuatro caras y muy visceral. Luego quise leerlo todo.
Jose escribe como cualquier amigo contándote su última desventura. Por eso es tan fácil ubicarte o ubicar a algún conocido entre sus líneas. Su narrativa convierte situaciones cotidianas en sensacionales. Las peripecias de muchachones o jóvenes adultos descubriendo cosas, descubriéndose a sí mismos. Haciendo bondades a escondidas, maldades a vista del mundo, viceversa. Te identificas con los personajes de inmediato.
Yo he tenido un familiar encerrado en un cuarto, asustando a todos; yo he sido parte de una pequeña legión de sudacas en algún rincón del mundo; yo he dudado de la existencia de una persona que conocí la noche anterior; yo he sido (sobre todo, y sobre todo) un chico que conoce a una chica y tienen un final distinto; yo he sufrido con un amigo introvertido que decide romper su crisálida (yo he sido el amigo introvertido que rompe su crisálida y hace sufrir a todos); yo he juergueado en lugares cuestionables; yo he sufrido alguna vez para llegar a fin de mes (adelanto de sueldo salvador, nunca me falles); y yo conozco al menos a un Wolverine.
No he mencionado el último cuento por tener una recomendación especial: Las videoideas… ¡Amigos! ¡Las videoideas! Tuve que escribirle a Jose para hablar del tema cuando terminé de leerlo. El último cuento es una locura absoluta que les recomiendo disfrutar con «La Invención de Morel» en la cabeza. Esto es algo personal, Bioy y de la Peña tienen una resonancia alucinante aquí.
Disfruten los Breves paseos por Marte. Es un escape hacia adentro. Una introspección expuesta. Una cosa linda y bien hecha.
cuentos cortos como para esas noches en que te sientes fuera de lugar, buenas reflexiones y una narrativa friendly y actual de lo mejor que he leído este 2018
Viaje interesante por varias historias cortas unidas por diferentes personajes que buscan encontrarse o reencontrarse en un espacio o tiempo o dimensión. De amigable lectura como para un fin de semana!
Realmente espero que este no sea el último libro de José de la Peña. En estos relatos, uno puede ponerse en la piel de personajes que realmente están buscando escapar y a la vez encontrarse a sí mismos. Un libro obligatorio para la cabecera de un millennial.
No me atrapó como otros libros de relatos, pero tampoco son malos o no me gustaron, porque si hubo relatos muy interesantes. Eso sí, no es un libro para todos ya que toca temas muy delicados e incómodos.
Breves paseos por Marte logró atraparme en cada uno de sus cuentos, uno tras otro. Sólido, humano, cautivante, me atrevo a decir que tiene una mezcla de tiernorgásmico. Consiguió erizarme la piel.