En mayo de este 2024 me inicie con una de las autoras actuales que más ganas tenia de leer, la francesa Delphine de Vigan, y lo hice por la puerta grande con una lectura que de momento se encuentra entre las mejores que he hecho este año. “Nada se Opone a la Noche” es un ejercicio duro y visceral por la sinceridad que su autora plasma entre sus páginas, por la manera en que desnuda los entresijos de su familia materna y el impacto que supuso en su vida los problemas mentales de su madre y la compleja relación que con ella tuvieron tanto la propia Delphine como hermana. es una novela que apabulla por su lirismo y sinceridad, pese a dureza de su testimonio, la manera en que de Vigan busca cerrar heridas de su pasado y perdonar. Y en el cual la autora hace mención de pasada a su anorexia y como está influyó en su primera novela “Días Sin Hambre” , en la cual habla de su paso por un hospital para tratar de superar esta enfermedad. Un testimonio que al igual que “Nada se Opone a la Noche” desarma por su crudeza y su impúdica y Sanadora desnudez emocional.
Bajo el nombre de Laure, e intercalando algunos capítulos contados en primera persona con otros narrados en tercera, Delphine de Vigan nos habla de su día a día en el hospital durante el tratamiento, los pacientes con los que va estableciendo algún tipo de relación y los sentimientos que le inspira el médico que se ocupa de su caso. De la lucha interna que siente entre recuperarse y dejar que la enfermedad siga su curso, de sus deseos de desaparecer y mantener a la vez su identidad, y de recuperar, de alguna forma, su poder de decisión sobre su propio cuerpo.
Es curioso que mientras que “Nada se Opone a la Noche” el tema central era la crónica de su familia y de su desajustada relación emocional con ellos, mencionándose, muy de pasada, la problemática de la anorexia, en “Días Sin Hambre” pasa lo contrario. La anorexia es el tema central de esta novela corta, en la cual se habla de forma contundente, pero de pasada, de como las problemáticas familiares son la raíz de la enfermedad que padece Laure-Delphine. Esto hace que obras beban una de la otra, gracias a que son ejercicios de meta-biografía por parte de de Vigan.
He leído esta novela con otras dos compañeras en lc y las dos compañeras, que han leído más libros de esta autora, coinciden en que se nota mucho que este es el primer trabajo de la escritora. Al ser la segunda lectura que hago de de Vigan todavía no me atrevo a afirmar si esta novela es inferior a otras suyas. Pero lo que sí tengo muy claro es que, pese a su brevedad, me ha costado mucho conectar con “Días Sin Hambre” , y no por el tema (aunque sea muy duro) sino por la manera en que el libro está narrado y lo abrupta que es toda la lectura. Y es que, realmente estamos ante una obra que no tiene un argumento propiamente dicho. Toda la lectura se siente como un vistazo a un diario íntimo, en el cual no pasan cosas, sino que la escritora va contando sus sentimientos, sus encuentros con los trabajadores del hospital o los otros pacientes, su lucha, por ganar peso y el rechazo, que, al mismo tiempo, esto le genera, sus recuerdos de sus experiencias familiares, como poco a poco fue metiéndose en esa espiral autodestructiva y de rechazo hacia sí misma que la ha llevado a pesar poco más de 30 kilos con su 1,75 de altura. La obra es profundamente intimista, su columna vertebral es la enfermedad y como esta repercute en Laure. Y esto hace que sea una lectura parca en recursos estilísticos o narrativos, en la que lo que se lee es lo único a lo que el lector puede aferrarse. Y por eso, cada vez que cogía esta lectura, me costaba adentrarme en el texto y conectar con el mismo. Tampoco ayudaba que al estar narrado de esta manera, cueste mucho ahondar en la personalidad de Laure más allá de su enfermedad, de cómo ésta le afecta y de todo lo que surge de la misma o en lo cual tiene sus raíces. Al final te queda la impresión de que “Días Sin Hambre” cojea en cuanto a que necesita más contexto, y que es una narración que va a bandazos, que se siente como escrita por partes sin que haya un nexo de unión sólido entre ellas. También he echado en falta que se hable más de la familia, quizás porque vengo de la lectura de “Nada se Opone a la Noche” donde las relaciones interfamiliares eran en núcleo (uno de tantos) del texto. Pero imagino que esto se deberá a que de Vigan publicó en el libro bajo pseudónimo, con el fin de no perjudicar a su propia familia.
De ahí que todo lo relevante que te aporte el libro sea la forma de escribir de la autora y como te mete de lleno en su vorágine emocional. De Vigan nos habla con sinceridad apabullante en ese pozo que es la anorexia y en lo difícil que es escalar por él para conseguir huir de su negra influencia. Y lo hace con una pluma concisa, breve y potente, carente de florituras, pero forjada en frases contundentes que resuenan; pero que aún así tiene cierto sencillo y melancólico lirismo que es la marca de la prosa de esta escritora. Consigue que el lector se meta de lleno en los sentimientos de su trasunto novelístico, una Laure que se enfrenta al duro proceso de volver a tomar las riendas de su salud y de su vida, que tiene recaídas, que va conectando con el dolor de otras personas, que se aferra a la amabilidad que le muestra su doctor dandole a su conexión una patina romántica; mientras lucha contra los pensamientos lúgubres y trata de olvidar la disfuncional relación que tiene con un padre violento y una madre con serios problemas psicológicos y los remordimientos, por haber abandonado a su hermana menor mientras se recupera de su enfermedad. Quiere volver a sentirse poseedora de su cuerpo, mientras algo en ella se niega a aceptar esos kilos de más que poco a poco va recuperando, mientras la rondan los pensamientos que la incitan a querer desaparecer, fundirse en la nada. Y a la vez quiere volver a descubrir lo que es estar viva. Su periplo es crudo, duro y amargo. La autora no es escatima en detalles y en palabras lúgubres para demostrarnos su alma, para desnudarla con la con la que un cirujano puede hacer una operación. Y lo hace de una manera brillante, que de alguna manera impacta en el lector. “ De aquí que esta novellete sea una lectura un tanto complicada, especialmente a nivel emocional, quizás no adecuada para todo tipo de lectores, ya no solo por los temas que trata, sino por lo intimista que resulta este relato.
“Días Sin Hambre” es un relato autobiográfico que tiene tintes oníricos. Leyendo uno se siente sumergido en una pesadilla caleidoscópica, en una alucinación de la que no tienes control y que surge de quien se supone que debería ser tu mayor aliado, tu propio cuerpo. Y para salir de ella, Delphine de Vigan
Emprende este ejercicio sanador, se ubica a recorrer lo que para ella supuso un infierno con el fin de purgarse de todas las heridas que su pasado aún le ha dejado, y así poder seguir adelante. La crónica de su enfermedad está contada de una manera carente de dramatismo y verosímil, pero con mucha pasión y dolor. De manera libertadora y directa recorre cada herida, cada pensamiento hiriente, cada parte del proceso de aprendizaje, de sentirse de nuevo poseedora, de su cuerpo y de su vida. y solo por la manera tan generosa con la que se demuestra asimismo, tanto por sí misma como por el lector, hace que uno cierre esta lectura con mucho en lo que pensar.