“por lo menos los muertos son más congruentes aferran uñas y dientes a sus tumbas, se llenan el nombre de ceniza, sus huesos son de piedra, se ahuecan en la duda, en la certeza, y no les amanece nunca les crece un poco el pelo, las uñas, pero nada más y nada grave no andan por ahí pintándose los labios, saludando de beso en la mejilla no andan por ahí recordando sus sueños y olvidándome un poco, y pensando que esta que soy ahora no es la misma no andan por ahí llamándome farsante, y olvidando mis lunares, uno a uno, estrellas que se alejan, cuya luz ya no alcanza.”
A veces pienso que Elisa es la mejor poeta de nuestra generación. Otras veces también.
«¿Para qué buscar adentro el esqueleto? ¿Para qué nombrar la muerte que anida en lo profundo? Allí todos somos bestias de enormes dientes, y el corazón es sólo asimetría encarnada, una extrañeza que rompe la ilusión del espejo.»
Lo leí ya hace rato. Ya ni sé que onda. Pero me gustó, la verdad. Como el cuerpo habla y se hace poema. Siguiendo la idea de Luisa Valenzuela de escribir con la corporalidad, de ahí se ve los dolores y los sueños.