Durante mi lectura de La casa de los artistas he tenido la horrible sensación de que este libro no era para mí. Y hoy, que lo he terminado, me refuto en esta opinión. La culpa es mía ya que tenía unas expectativas bastante altas con esta historia y me he caído con todo el equipo. Las reseñas que he leído a lo largo de este tiempo me hablaban de una historia que, por desgracia, yo no he visto.
¿Qué esperaba de este libro? Esperaba, lo primero de todo, mucho más worldbuilding. Vale, la historia se desarrolla en Nueva York y todos sabemos cómo es la ciudad, pero en las páginas de este libro me ha faltado mucha más descripción para poder situarme mejor. Por otro lado, esperaba también que se desarrollara mucho más el tema de la Ley Muda, eje central de la trama, aparentemente. En un principio sí que se nos sitúa un poco, explicándonos en qué consiste la ley, pero poco más.
Hay dos puntos en concreto de la historia en los que me sentí totalmente fuera de lugar. En primer lugar, se habla de un supuesto plan que uno de los personajes ha ideado. Vale. No sabemos en qué consiste ese plan hasta, más o menos, el 75% del libro. Tienen una reunión para hablar de ello, pero la escena se centra en lo que tiene Anya en la cabeza y como ella no ha estado pendiente, pues el lector se queda sin saber que ha sucedido.
En todo momento se nos deja claro que Joe es rico. Vale. Hay una escena en la que Joe lleva a Anya a un edificio súper elegante en Manhattan y allí tienen una especie de cita. Anya especifica que es un edificio privado y que ellos no pueden pasar… hasta que Joe entra y ella ve como pasea como Pedro por su casa. Bueno, pues el libro termina y no sabemos ni por qué él puede pasar al edificio, ni nada. Es como una escena random puesta ahí para justificar la cita entre los dos protagonistas.
Parte de la historia se desarrolla en un orfanato, donde viven unos niños, la dueña (Ali) y un señor extraño que no me gustó en ningún momento (Moët). En un principio la autora nos explica un poco quien es quien en este lugar, pero después dichos personajes se diluyen y se los comen los tres protagonistas. Pasamos de ponerle nombre a todos y cada uno de los residentes del orfanato para pasar a ser «los niños». ¿Qué sucede? Que cuando llega el momento en que ellos son los protagonistas siento cero empatía por ellos y encima me empiezan a avasallar con todos sus nombres, liándome, porque, durante todo el relato han sido «los niños» y ahora todos tienen identidad. Me ha faltado mucha más implicación con estos personajes.
Mi otro gran problema han sido los tres personajes protagonistas. Ninguno me ha caído bien. Jaime no me gusta, es el típico mujeriego de tres al cuarto que trata a las mujeres como meros objetos sexuales (la primera interacción con Anya, en la que, sin conocerla de nada, le empieza a hablar de sexo me parece patética). Sus acciones a lo largo del libro tampoco me terminan de convencer, aunque intenta solucionar un poco las cosas, esa actitud chulesca me gusta muy poco. Luego está Anya. Con ella he tenido muchos dilemas porque por un lado entendía perfectamente muchas de sus acciones, pero por otro era algo cansina, tan cerrada con personas que no se lo merecían y pensando que todo lo que la dicen es malo. No sé, si tantos problemas tienes con esas personas, pues no te juntes con ellos, no vuelvas todos los días. Y por último está Joe, me daba mucha pereza el que quisiera por activa y por pasiva obligar a Anya a enfrentarse a sus miedos, no se puede obligar a alguien a hacer ese tipo de cosas.
Obviamente ninguno de estos personajes es perfecto, y eso me gusta, pero eso no significa que me tengan que caer bien.
No me queda mucho más que decir, salvo eso, que La casa de los artistas no ha sido escrito para mí. Insisto en que ha sido mi culpa por tener las expectativas muy altas y pensar que el libro iba a tener otro tono, pero es un libro demasiado triste para mí.