Nació en la Ciudad de México, en 1970. Es egresado de la Escuela de Escritores de la Sogem. Trabajó como guionista de televisión en Televisa y TV Azteca. Fue colaborador de El Universal, Etcétera, Gaceta Convite, y Unomásuno. Primer lugar en el Concurso de Cuento Pluma de Ganso 2002 y en el Concurso de Ficción Súbita Sofía Platín. Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola 2005 por Fotografía de la página 14. Premio El Barco de Vapor 2008 por Biografía de un par de espectros. Una novela fantasma. Premio Nacional de Cuento Infantil Juan de la Cabada 2009, actualmente Premio Bellas Artes de Cuento Infantil Juan de la Cabada, por Ciudad equis 1985. Premio Bellas Artes de Obra de Teatro para Niños 2013 por su obra Los osos hibernan soñando que son lagartijas.
Estamos llenos de historias. El autor lo sabe, y utiliza metáforas para recordárnoslo una y otra vez. Aunque todos estamos llenos de historias, la realidad es que son los lectores (los escritores son también parte de este grupo) los que tienen la particularidad de contar con una mirada especial. A través de una historia revoltosa, repleta de extrañezas (que sí que pueden ser reales, aunque parezcan mentiras), el autor hace una historia que magnifica a la literatura. Una oda a la lectura, a los libros, a esas historias que nos acompañan, a la memoria. Creo que es un libro que debe apreciarse por sus imágenes, por la fantasía, donde vemos a un chico que teme a la radiación, a los desastres, a su madre; que gusta de leer, toda cosa, personas y ciudades (especialmente Lisboa); que esta en la búsqueda de un libro particular y de una persona y que, parece no encontrar su objetivo, pero en realidad lo encuentra todo. Es una historia extravagante con una narración hermosa y que sí recomiendo a niños, jóvenes y adultos.
Hermoso. Una oda a los libros, a los sueños y las historias que cada día creamos. Me ha encantado la narrativa de Juan Carlos Quezadas y su facilidad para hacer de todo una metáfora.
Es la segunda vez que leo este libro. La primera me cautivó lo poético, recuerdo que en aquella ocasión, cuando lo terminé, dije que lo quería leer de nuevo. Me tomó un par de años volver a él y he de confesar que temía un poco desencantarme. Nada de eso, comprobé una vez más que es una historia hermosa, calma y la forma en la que es contada, repito, es muy poética.
Por alguna razón extraña y triste, este libro no ha recibido la atención que merece; es un libro que se debería ver en más lugares. Es hermoso.
Un libro que hace un homenaje a la literatura, una historia llena de poesía y metáforas, un libro con referencias a la obre de Pessoa, un libro de búsqueda y de varias historias que se cuentan de forma fluida. Un libro dentro de un libro. Una bibliotecaria, de esas que no pueden faltar en los buenos libros que hablan sobre libros. Oki, tripulante de terremotos es una historia muy bien contada que se convierte en una historia entrañable.
El hechizo de la ciudad de Lisboa aún a larga distancia es uno de los motores para la búsqueda que inicia Oki. Esa búsqueda lo llevará al otro lado del mundo, a aprender portugués y a darse cuenta de que un nombre puede pertenecer a más de una persona.