Abelardo redacta sus recuerdos de juventud, que están entrelazados con la intervención norteamericana de 1847.
México, fines del siglo XIX. Abelardo escribe sus recuerdos de juventud, ineludiblemente entrelazados con la intervención norteamericana de 1847. Atestigua el proceso creativo su esposa, una mujer liberal que cuestiona y motiva a Abelardo, y es uno de sus principales motivos para escribir.
Es sabido lo que pasó la mitad del territorio mexicano pasó a manos del incipiente imperio; hubo episodios heroicos y episodios vergonzosos, próceres, arribistas, traidores. Pero también, en medio de la catástrofe nacional, vocaciones, voluntades y pasiones individuales, como la de la pareja que rememora y la del doctor Urruchúa, obsesionado por los gérmenes.
ENGLISH DESCRIPTION
It is the end of the 19th century in Mexico. Half of the Mexican territory is now in the hands of the United States of America. In the midst of this national catastrophe, we hear the voices of heroes and traitors, and, through the reminiscences of Abelardo, we learn of the callings, the will and the passion of Mexican citizens questioning the "If there is really something after death, which role will our colorful life play in this kaleidoscope? ..."
This novel describes a dark time in the history of Mexico without losing sight of those voices usually ignored.
Ignacio Solares was a prominent Mexican novelist, editor and playwright, whose novel La invasión (The Invasion, 2004) was a bestseller in Mexico and Spain. Until 2005 he served as the Coordinator of Cultural Activities for Literature and Arts at the National Autonomous University of Mexico (UNAM); he was a faculty member there and directed the cultural magazine Revista de la Universidad de México. He formerly served as director of the Department of Theater and Dance and the Division of Literature at UNAM. He edited the cultural supplement to the weekly magazine Siempre.
He comentado en repetidas ocasiones que no es muy común que las y los lectores ocasionales se permitan el disfrute de otros géneros diferentes a la novela. Es momento de aclarar que esto se trata solamente de un prejuicio que no tiene un respaldo sólido pero que, no obstante, proviene de situaciones empíricamente verificables. La verdad es que no existe tal cosa como un lector ocasional o un lector objetivo, pero en el negocio literario es necesario actuar como si estas dos abstracciones fueran reales, de tal forma que sea posible anticipar el éxito de un libro –éxito constatado, por supuesto, en el número de ventas.
Todo esto viene al caso porque es turno de reseñar una novela histórica, y este género en particular debe de ser el más exitoso en el mercado, por lo menos durante las últimas dos décadas; no obstante ser –al menos en mi opinión– terriblemente mal leído. Entendamos aquí la distinción: que algo se venda bien no significa que sea literatura de calidad, pero sí nos da un punto de partida para analizar qué y cómo se lee en este momento específico, y cómo podemos mejorar nuestra relación con el arte de la narrativa a través de juicios críticos. Pasemos ya, entonces a la novela.
"La invasión" trata, precisamente de la intervención militar llevada a cabo por Estados Unidos contra el naciente país de México en 1847. Aquella invasión del legendario General Anaya, aquella del infame Presidente Santa Anna.
El protagonista se llama Abelardo, y a pesar de que la novela abre con una sangrienta escena en que la resistencia comienza a partir del intento de izar la bandera estadounidense en Palacio Nacional, en realidad se trata de los recuerdos que Abelardo tiene del evento y de sus experiencias personales durante el mismo. Por otro lado, muy pronto aparece intercalado un segundo narrador, un médico amigo del personaje principal, llamado Doctor Uchurtúa, cuya voz leemos a través de sus notas médicas y escritos personales. Así pues, tenemos tres tiempos narrativos distintos, que turnándose nos brindan una panorámica general, no sólo de la experiencia de la intervención, sino de la escritura misma del libro. Está el Abelardo viejo que recuerda sus años de juventud, sus amores y sus miedos en una Ciudad de México ocupada por una fuerza extranjera, cuya heroica resistencia se contrapone a la vergonzosa historia individualista de este burgués que, tal vez por la culpa, decide escribir al respecto y se intenta justificar a cada momento frente a su esposa. Está también el Abelardo recordado, joven y comprometido; que se debate entre un amor prohibido con la madre de su novia y la siniestra intuición, cada vez más evidente, de que las tropas estadounidenses llegarán pronto. Asimismo, están las memorias del Doctor Uchurtúa, quien nos brinda unas pistas para entender al joven protagonista, al tiempo que nos relata los aspectos más viscerales de la guerra. Y también, creo que es posible decir que una cuarta dimensión narrativa es la histórica, que al ser enunciada implica un pacto de lectura diferente, porque se asume que lo leído proviene de la realidad y para ello, hace un guiño permanente a la obra de Roa Bárcena.
Ahora bien, en un principio tenía la intención de hacer una crítica a este género literario en sí, pero me ha parecido que basta con recomendar leer a Lukács, en especial "La novela histórica". Quiero mejor apuntar dos cosas importantes que surgen tras la lectura de una novela así: nuestra relación con lo novelesco y nuestra relación con lo histórico, comúnmente confundidas ambas en este tipo de textos, por lo cual son mal leídos.
Primero: nos suele parecer que al leer una novela histórica estamos, en efecto, leyendo historia, y por ende, es común que nos asumir que conocemos el periodo leído. Falso. De hecho una de las características de las novelas históricas es que no poseen la pretensión científica de la disciplina histórica, es decir, no tienen por qué contar las cosas supuestamente tal cual pasaron porque su intención no es hacer historia, sino literatura. Un ejemplo lo da Hortencia Ramón Lira en "La ideología feminista en 'La invasión' de Ignacio Solares", en el que analiza el discurso de la esposa del protagonista, quien todo el tiempo menciona a Fourier, lo que no es del todo preciso históricamente hablando. Otra licencia que Solares se ha dado es la del papel del Padre Jarauta, cuyas acciones no poseen respaldo en ningún archivo o historia oral.
Segundo: no sólo confundimos historia con literatura sino que ignoramos el propósito en sí mismo de la historia y la literatura. No creo poseer suficientes conocimientos para decir con certeza qué es o para qué sirve la historia pero me parece que un buen comienzo lo tenemos en "Historia, ¿para qué?", editado por Siglo XXI. Respecto a la función de la literatura, opino que este tipo de novelas no han hecho sino reducirla a un mero medio de entretenimiento. Entendámonos: no pienso que la literatura no pueda o no deba tener una función de ocio, pero creo que no debe de ser reducida a ella, y creo también que no debe ser confundida con una disciplina distinta. Leer a Santiago Posteguillo no nos hará conocedores del imperio Romano, como leer "La invasión" no nos hará entender la complejidad del México de 1847. Y, por otro lado, el mismo testimonio de Roa Bárcena (mencionado anteriormente) no deja de ser literario pese a no ser divertido.
Así pues, creo que lo que me interesa concluir es que una novela histórica como ésta suele ser leída desde una óptica que ve en ella o sólo un buen relato, o un documento histórico fidedigno, cuando no es ninguna de las dos. Este género tiene un encanto particular y creo que Solares hace una sólida obra. Démosle su adecuada valoración y, de ser posible, leamos también más textos históricos.
"No era sólo la tristeza de haber perdido la mitad del territorio, de la deshonrosa invasión a nuestra ciudad, de tantos muertos por todo el país, era sobre todo la tristeza de haber visto nuestro verdadero rostro de mexicanos reflejado en aquel espejo."
Casi in ano Dr terminal este libro empezando en Mexico in ano atras.