Bajo instrucciones del maestro Mister Ling, Felipe emprende con su tío, Elvis y Samir una aventura por el Amazonas en busca de El Dorado, el legendario lugar que despertó la fiebre de oro de los conquistadores. En la expedición los acompañará también el profesor de antropología Ambrosio Piscal, que los contactará con chamanes, magos e indígenas de la región. Al percibir que los viajeros no están interesados en la riqueza material, sino en descubrir la sabiduría de los pobladores de la selva, estos los guiarán hasta las grutas ocultas donde se encuentra el tesoro mejor guardado de los pueblos precolombinos.
Escritor colombiano nacido en Bogotá en 1964, Mario Mendoza es uno de los autores latinoamericanos más influyentes de la actualidad.
Tras licenciarse en Letras, graduarse en Literatura Hispanoamericana y trabajar como pedagogo, Mendoza decidió iniciar su carrera literaria a partir de 1980, combinando la escritura con la docencia en literatura y la colaboración con diversos medios culturales.
Su primera novela, La ciudad de los umbrales, fue publicada en 1992. Tan sólo dos años más tarde fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Colombia por La travesía del vidente. Con otra de sus obras, Satanás, se hizo con el Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral en 2002.
También destacan en su obra los libros dedicados al público infantil, en especial la saga El mensajero de Agartha.
El padre de Felipe ha muerto. En medio de una tormenta tropical que inunda las calles de Miami, termina abaleado en su sala de estar por un grupo de ladrones que ha entrado a saquear la casa. Felipe debe asumir un duelo para el que nunca estaría preparado, es sólo hasta enfrentar la ausencia de su padre que entiende lo importante que fue para él. Su tío Pablo lo acompaña y lo alienta a apaciguar su espíritu, a encontrar valentía y fortaleza en lo más profundo de su ser. En medio de este transitar, Felipe recibe una llamada desde Guatemala. Es el chamán Fortunato Barrientos quien se comunica y le avisa de su próxima aventura. Deberá viajar con su tío al Amazonas, donde descubrirá los secretos que se esconden más allá de la muerte.
Con la excusa de investigar la antigua leyenda de El Dorado, aquel tesoro sagrado que los indígenas supieron proteger de los españoles, el tío Pablo recibe recursos de la Universidad Nacional para viajar con Elvis y su sobrino al Amazonas. Antes de viajar, Pablo le hace saber a Felipe las instrucciones que ha recibido por parte de Mister Ling. Primero deberán ir a Mocoa, en el Putumayo, en donde se encontrarán con un chamán que será crucial para el inicio de un ritual mágico, para luego adentrarse en el follaje inexpugnable de la selva amazónica en busca de unas antiguas profecías que los indígenas plasmaron en unas láminas de oro.
Cuando llegan a Mocoa, Felipe se encuentra con un chamán llamado Pumalpa, un indio anciano y fornido con postura paternal. Él le da a beber a Felipe una pócima mágica cuyo efecto se prolongará durante diez noches no consecutivas y que le permitirá expandir su conciencia. Al sentir el efecto, Felipe empieza a traspasar los límites de su percepción como nunca antes. Se ve saliendo de su propio cuerpo para sobrevolar, como una energía amorfa, líquida, ligera, las calles de una ciudad llena de torreones de cemento agolpada por la multitud. Ve a personas dirigiéndose al trabajo, ve a un niño saliendo del colegio, a dos enamorados besándose en un parque, a vendedores ambulantes ganándose la vida, ve el devenir de la vida en diversidad de cuerpos y comprende que ha salido de sí mismo para convertirse en una multiplicidad de vidas, todas contenidas dentro de su propio cuerpo. Este es tan sólo el inicio del viaje.
Mientras se dirigen hacia la selva del Amazonas, conducidos por los indicios que el tío Pablo posee sobre la ubicación de la cueva donde podrían estar las láminas de oro y enfrentados a las calamidades de tan mítico territorio, Felipe empieza a desdoblarse y a viajar en el tiempo para encarnar vidas lejanas, diferenciadas en lo generacional y en lo cultural. Se convierte en Siddharta Gautama; en Adael Matzav, un campesino contagiado de lepra curado milagrosamente por Jesús; en Águila Despierta, un indio Hopi que se convierte en chamán; en Arnoldo Guzmán, un expedicionario que acompañó a Hernán Cortés en la avanzada hacia Teotihuacán; en Ángelo Lombardo, un comerciante adinerado que, al conocer a un discípulo de Francisco de Asís, decide dejar toda su fortuna y entregarse al servicio; en Zeferino Abreu, un poeta portugués que halló belleza en todos los rincones, tanto en lo venerado como en lo despreciado; en el Señor Alcántara, el padre de Mafe (Fernandis), su amiguita del barrio; en su padre, en ese hombre con el que no pudo intimar; en Phillipe Leblanc, un niño que llega al seno de una familia asentada en Guayana Francesa, en quien, intuye Felipe, habita el alma de su padre; y en Lewis McCoy, un guitarrista estadounidense que murió viajando libremente por su país.
Este ir y venir de un cuerpo a otro, de entrar y salir a través de multiplicidad de historias, le hace comprender a Felipe que el tiempo está en constante repetición, que es un círculo que se renueva una y otra vez después de que morimos. Comprende que esta no es la primera ni la última vez que vivimos, que ha sido muchos antes y que volverá a serlos, que pasado, presente y futuro, se encuentran precipitados, de forma simultánea, en el ahora. Y más aún, al dimensionar que en sí mismo aguarda multitud de vidas, comprende que él es todos, que está interconectado con la humanidad misma, que comparte un destino común y que, si él es la multitud, no vale la pena vivir una vida para sí solo, como si fuera el centro del universo, como si el cosmos empezara y terminara en él. Así lo sublima Mario en las páginas finales: "(...) significa que empiezo en los otros, paso por mí y vuelvo a los otros en un tránsito maravilloso. Lo que yo llamo Felipe Isaza es solo una escala, un punto en la ruta, una estación." (p. 154).
Este libro, junto a La Colonia de Altair, se disputa ahora ese espacio favorito. Es un episodio insólito que me ha dejado largas horas reflexionando y que se convierte en aljibe de este cuerpo árido y solitario. He comprendido por fin aquello a lo que los indígenas se referían cuando afirmaban que el tiempo no era líneal, como los occidentales tanto nos han querido hacer creer, sino que se asemeja a una serpiente, a una espiral infinita en la que todo se repite una y otra vez. La muerte no es más que un paso hacia la siguiente vida, hacia otra latitud, hacia otro momento histórico, hacia otro cuerpo.
Las incógnitas brotan copiosas a partir de la revelación serpentina. ¿Por qué debe la vida repetirse una y otra vez? ¿Cuál es el propósito detrás de ese ímpetu natural? ¿Tiene un límite aquella repetición? ¿Cómo propicio desde mi presente ese viaje temporal hacia las vidas otras? Los cuestionamientos serán regados por el trasegar de los años y quizá un día, de ese campo arado, brote la respuesta anhelada.
Una aventura para todos los que tengan su niño interior vivo. La secuencia de los libros demuestran la sincronicidad de los relatos generando expectativa y motivando reflexiones a partir de los eventos y la forma como son narrados. Recomiendo esta saga.
"—Nuestro tránsito por este mundo es breve. Nos creemos muy importantes, pero no es cierto. No somos más que polvo que tarde o temprano vuelve a ser polvo..."
"Los adultos... ¿Qué saben ellos sobre la realidad? Crecer y madurar es como irse embruteciendo poco a poco. Ellos nos miran con superioridad, pero es al revés: hacerse grande es empobrecerse.Se vuelve uno más serio, más amargado, tiene menos imaginación y más responsabilidades, juega menos, se divierte menos, sueña menos. Crecer es ser cada día un poco más tonto."
"—Lo peor es vivir con miedo, Águila Despierta... Porque el miedo te disminuye y te convierte en tu peor enemigo. No le temas a nada. A nada. La muerte es un punto más en el camino."
Las aventuras de Felipe son entretenidas aunque se repiten escenas en los diferentes libros con distintos personajes que vuelven tediosas algunos capítulos.