Hacía tiempo que quería leer a H.P. Lovecraft, aquel del que varios amigos me hablaron con admiración y del que, de vez en cuando, veía su influencia en diversas manifestaciones de la cultura popular: desde Metallica, con su ya mítica "The Call of Cthulu", hasta Stranger Things y el universo de Dungeons and Dragons, el legado de Lovecraft dio pie a un sinfín de obras que alimentaron la mitología Lovecraftiana.
Gracias a Fabio, decidí aventurarme a leer al escritor norteamericano y, la verdad, no me defraudó; por el contrario, quedé convencido de su maestría literaria. A pesar de varios cuentos sencillos y efectistas (curiosamente, los que me parecieron así fueron los más cortos en extensión del libro), hay al menos tres relatos que son una bestialidad: "La llamada de Cthulu", "El color surgido del espacio" y "El ser en la penumbra". Los dos primeros, son relatos que oscilan entre la ciencia ficción y la mitología, propios del terror a lo desconocido y a esa realidad que excede los ojos, que subyace a la cotidianidad del trabajo y la vida en sociedad. Aunque "El color surgido del espacio" pueda leerse más en clave de un relato clásico de ciencia ficción, de esos en los que un cuerpo celeste irrumpe en la tierra trayendo consigo especies alienígenas mortíferas; no desconozco que Lovecraft atina a presentar a dichos seres como más que meros extranjeros en tierra extraña.
Sobre "La llamada de Cthulu", mucho se ha dicho y desdicho: desde el rumor de la búsqueda de Borges del Necronomicón, hasta los mil y un relatos que han enriquecido la mitología del escritor de Rhode Island. Ahora bien, no es casual que dicho relato resulte tan fascinante: en sus páginas, Lovecraft narra haciendo uso de diversos registros narrativos, tales como la crónica judicial, la noticia de prensa, el diario y el relato en primera persona. Asimismo, la narración es tan exhuberante que da la sensación de estar a algo que excede a todo lo conocido por el ser humano: ¿estatuas que muestran seres venidos del espacio y que, independientemente de la cultura en la que se vive, son prácticamente iguales a pesar de hallarse a miles de kilómetros y continentes de distancia? ¿Asesinatos que parecen suicidios? ¿Qué pasa con esa isla en la mitad de la nada, desde la que gente sensible-usualmente artistas y pensadores- reciben mensajes, llamados de distinto tipo? No es por nada, pero yo no podía creer lo que leía. Era tal lo exhuberante que, en muchos momentos, el sentimiento de lo sublime (ese temor a lo desconocido y la infinitud de la naturaleza que, al tiempo que repele, a la vez atrae) se apoderó de mí. Puede sonar sobreactuado, pero no, créanme, esto lo leí con verdadera pasión, a mis 28 años, sin más compañía que el sol de la tarde arreciando la ventana.
Por último, "El ser en la penumbra" resulta el relato diferente de la antología: su temática, ya de por sí sugerente aunque un poco trillada en la fantasía pop de hoy (alguien con la capacidad de "tomar el control" del cuerpo de otros y apoderarse de ellos, como si de un parásito mágico se tratase), termina por ser un verdadero "tour de force", en el que Lovecraft se muestra como un maestro del suspenso.
Procuraré leer todo lo que llegue de Lovecraft a mis manos. Desde hoy, me considero un entusiasta de la literatura del escritor norteamericano. Esto del terror cada vez parece gustarme más.