"Chaos doesn't come close to describing things".
Nunca había leído un libro de Camilla Läckberg y fue toda una experiencia. En esta décima entrega de Los Crímenes de Fjällbacka nos encontramos con el asesinato de Nea, una niña pequeña a la que encuentran muerta en el bosque. Lo curioso de este caso es que, precisamente, hace 30 años, encontraron muerta a otra chica en ese mismo lugar. En ese momento, dos chicas de 13 años confesaron haberla matado y, días después, retiraron la confesión dejando a la Policía confundida y sin un claro asesino. Treinta años después, los habitantes de Fjällbacka temen que el asesino haya vuelto. Al mismo tiempo, y sin una clara relación en un principio, nos encontramos con otra historia paralela que narra el 1762 de los Procesos de Brujas en Suecia.
De la mano del Departamento de Policía liderado por Patrik, de su esposa Erica, una escritora, y un montón de puntos de vista, el crimen va tomando forma y las pistas van apareciendo por todas partes.
Este es uno de esos libros que tienen un cast enorme de personajes que cuesta seguir en un primer momento. Y, ojo, muchos dirán que es lógico pues esta es la décima entrega de una serie y no he leído los demás y por eso no estoy familiarizada con los personajes... y es verdad. Aunque se supone que esta serie de libros se puede leer de manera independiente. En fin.
A medida que van pasando las páginas te enteras de quién es cada uno, del ángulo que está investigando del crimen y, sobre todo, si tiene algo que esconder. El misterio y las pistas falsas son vitales en la trama de La Bruja. A diferencia de otros thrillers o novelas negras que he leído, aquí todo era tan complejo y enrevesado que no lograba tener un posible culpable en mi cabeza. Las pistas me llevaban de un extremo a otro. Läckberg logra con este libro que no dejes de pensar, de construir teorías y, sobre todo, de reflexionar sobre ciertos prejuicios que crees no tener pero que claramente están allí.
Si soy sincera, mis partes favoritas del libro eran cuando volvíamos a 1762 y seguíamos la historia de un brutal proceso contra una mujer acusada de brujería. Leer cómo la vida de una chica brillante se iba desbaratando con cada paso en falso que daba era estremecedor. Sobre todo cuando llegó la parte del juicio, de las torturas, de los falsos testimonios y falsas acusaciones. Leyendo estos procesos me di cuenta de lo retorcida que llegó a ser la humanidad en los puntos más bajos de su historia... lo retorcida e ignorante.
Ahora, ¿el libro se me hizo largo? Sí. Siento que a veces la trama daba muchísimas vueltas para intentar confundirnos, pero el punto es que ya estábamos confundidos y no necesitábamos más desvíos, jajajaja. Me gustó muchísimo la pareja sentimental y de trabajo que forman Patrik y Erica, son maravillosos, hacen las preguntas correctas, relacionan las pistas que nadie había conectado y, poco a poco, van dilucidando lo que sucedió con el crimen de hace treinta años y con el que sucedió delante de sus narices.
Lo que más me gustó de La Bruja fue que no lo sentí como el típico libro de resolver un crimen, pues trata temas como la xenofobia, los refugiados, la guerra, los problemas sociales, el bullying, el feminismo, la LGBT-fobia y otras cosas que, desde mi ignorancia, no pensé que fueran un tema tan asiduo en los países nórdicos. Leyendo el libro y luego hablando con Camilla en la entrevista que le hice me di cuenta de que el norte de Europa sí que es pacífico, pero lidia con problemas sociales tan reales como los de Latinoamérica... con cuotas muchísimo más bajas de violencia, eso sí.
¿El final? La resolución de los asesinatos tanto del pasado como el actual fueron geniales. Como les dije, no me podía imaginar quién sería el culpable. Y los motivos son bastante interesantes también. Hubo algo que me pareció bastante mal logrado y fue la unión de la trama de 1762 con la de la actualidad. me decepcionó muchísimo porque, literalmente, se resuelve en un recorte de periódico muy absurdo y poco creíble. Una lástima.