Tengo sentimientos encontrados con esta novela; en realidad no puedo decir si me ha gustado o no, aunque confieso que me costó terminarla.
Por una parte, la autora abunda en símiles y metáforas, algunos de ellos preciosos, y también en reflexiones hondas y profundas que te llevan a pensar, a cuestionarte a ti mismo. Estos son los dos aspectos más positivos del libro, a mi parecer.
Por otro lado, yo soy de las que prefiero la narración escrita, y esta novela está basada en una narración hablada; es decir, el relato lo conforman los pensamientos y voces de los protagonistas en directo, por lo que el lenguaje es muy coloquial, incluido el exagerado número de tacos que sueltan los protagonistas. Este estilo condiciona al autor, ya que no existe narración de hechos como tal; por eso la trama me resulta un poco plana: Ari es abandonada por Hugo, años después vuelven a encontrarse y reviven los viejos resentimientos y el mismo amor. A partir de ahí todo se reducirá a esperar a que aclaren sus sentimientos y vuelvan a estar juntos.
Con respecto a los personajes principales, Hugo es un amor, y enseguida te despierta ternura y cariño, incluso compasión. De Ariadna, solo puedo decir que excepto por las últimas veinte páginas, se pasa el resto del tiempo amargada y amargando, además de beber como un cosaco. Entiendo que pueda estar traumatizada por lo que le pasó, pero casi no se ve evolución en ella a lo largo de la historia, y quizás por eso estirar tanto esa historia se vuelve tedioso al final.
Aparte de las pequeños, aunque abundantes, errores gramaticales y ortográficos, le reconozco a la autora el mérito de escribir una obra así, basada en una introspección constante de los personajes sin que se desdibuje su personalidad ni distorsionen la historia; es de admirar.