Tercer libro que leí de Kika Superbruja (esta reseña va a ser como las dos primeras de Kika, con algún cambio).
Sí, ya sé que es el duodécimo de la saga. Y sí, ya sé que aunque empezase por el décimo, ya sabiendo que la saga me gustaba, debería haber empezado por el principio. Pero, ¿qué queréis que os diga? Se lo reglaron a mi hermana y lo tenía a mano y, aunque nunca me ha gustado mucho Don Quijote, pensé que siendo un libro de Kika Superbruja, podría reconciliarme con la historia de este caballero pirado.
A pesar de haber dicho en las dos reseñas anteriores que en algún momento de mi vida compraré y leeré la saga completa, este es el libro que me hace replanteármelo, porque no me gustó mucho. A veces pienso en comprar sólo los que tengan temáticas que me atraigan, pero como profesora que soy, tener este libro podría acercar a mis niños a la historia de Don Quijote y que no le tengan tirria como yo.
Estos libros infantiles son una fantasía (y no solo por la temática de brujas y otros seres): son divertidos, inician a los niños en un mundo de fantasía en el que pueden descubrir criaturas de las leyendas del todo el mundo, y les aportan valores como la amistad, la valentía, la amabilidad... además de la importancia del conocimiento.
Pero vamos a hablar de esta entrega de Kika Superbruja.
En esta duodécima entrega, Kika tiene que enfrentarse a las locuras del Caballero Don Quijote de La Mancha, que la está liando en su ciudad, junto a sus inseparables compañeros: Sancho Panza con su burro, y su caballo Rocinante. ¿Podrá nuestra brujita aplacar la locura del caballero más loco de todos los tiempos?
Resumiendo: Kika Superbruja es una saga preciosa, con temáticas para todos los gustos (puesto que cada libro tiene una temática concreta), por lo que seguro que hay un libro perfecto para cada niño/a. Por ello, creo que todos deberían leer, al menos, uno de los libros de la saga. En mi caso, sólo he leído 3, 2 de los cuales tienen un lugar muy especial en mi corazón.