Acusado de terrorista, Alonso Cánepa es asesinado por las fuerzas del orden y, una vez cadáver, empieza un viaje de peregrinación para recuperar sus propios huesos.
Publicada originalmente en 1986, “Adiós Ayacucho” de Julio Ortega es una novela que “aborda la violencia endémica, desatada de modo impune, que vivía el Perú durante la década de los años ochenta, en pleno conflicto interno entre Sendero Luminoso y el ejército peruano”.
En esta ocasión, la novela de Ortega –que sale exclusivamente por la colección Tierra Firme del Fondo de Cultura Económica-Perú – incluye dos secciones que la editorial ha detallado de la siguiente manera:
“La primera, a la manera de un relato fotográfico y literario, incorpora documentos visuales y textuales del trabajo de puesta en escena de la novela que realizó el grupo Yuyachkani, bajo la dirección de Miguel Rubio y la actuación, unipersonal, de Augusto Casafranca. Esta sección también incorpora el libreto de la obra adaptado por Yuyachkani, y recortes de prensa”.
“La segunda sección, incluye tres textos críticos sobre ‘Adiós, Ayacucho’. El primero titulado “La risa irónica de un cuerpo roto: Adiós, Ayacucho, de Julio Ortega”, de los académicos peruanos Víctor Vich y Alexandra Hibbett. El segundo es un texto de la escritora chilena Diamela Eltit, titulado: “La historia andina de los huesos”. Y el tercero corresponde a un fragmento de un capítulo de una tesis doctoral defendida en Alemania, sobre la novela de Ortega”.
(Tomado de http://librosami.pe/2018/03/fondo-de-...)
Escritor, crítico peruano y profesor de la Universidad de Brown en Estados Unidos. Autor de "Una poética del cambio" (1992), "El principio radical de lo nuevo" (1997), "Trasatlantic Translations" (2006) y "Rubén Darío y la lectura mutua" (2004), entre otros textos. De su trabajo más reciente destaca "El hacer poético" (2011) en colaboración con María Ramírez Ribes.
Los peruanos tenemos que reír para no llorar, pero a veces podemos, a través del humor, expresar las ideas más duras y difíciles de nuestra historia política no para no llorar sino para repensarnos: eso es justo lo que hace Adiós, Ayacucho con nosotros como lectores.
Seguimos, a lo largo de las páginas, la búsqueda de Alfonso Cánepa (víctima de la violencia política de nuestro país) de los restos de su cuerpo para conseguir una muerte digna o, al menos, "completa". En ese camino, se encontrará con personajes que representarán perfectamente cómo funciona el poder en el Perú y las voces de quiénes valen más.
Tremendo todo lo que ocurre por su cercanía con nuestra realidad
En esta edición, se incluye un artículo escrito por Víctor Vich y Alexandra Hibbett que profundiza súper bien sobre lo que representa el cuerpo de Cánepa y su viaje hacia la recuperación de sus restos.
PD. Por si no ha quedado claro, me ha encantadooooooooooo!
Desde el humor más negro y la sátira más atrevida, Julio Ortega cuenta la historia de un muerto que emprende un viaje para reclamar por sus restos al presidente de la República. La novela más original sobre el conflicto armado interno. Se burla de todos: el gobierno, los intelectuales, la policía, los terroristas. Debería hablarse de ella más seguido.
'Vine a Lima a recuperar mi cadáver. Así comenzaría mi discurso cuando llegase a Lima, pero ahora sólo empezaba a salir de la fosa donde me habían arrojado luego de quemarme y mutilarme, dejándome muerto y sin la mitad de mis huesos, que se llevaron a Lima'
Le voy a dar cinco ***** porque el año es 1986 y hasta hoy no he leído NADA que articule de manera tan crítica e irreverente la memoria colectiva del CAI peruano. El viaje de peregrinación de los pedazos del cadáver del dirigente campesino Alfonso Cánepa hacia Lima en busca de sus huesitos está marcado por encuentros simbólicos que atraviesan la sociedad peruana: el antropólogo limeño y blanquito (élite letrada), el periodista sin escrúpulos (medios de comunicación), los narcos (economía), coimero (legal), niños (futuro del país).
Cánepa le escribe una carta al presidente Belaúnde, en quien confía podrá devolverle sus huesos. Al no conseguirlo, y en unos de los desenlaces más hermosos de la literatura peruana, decide meterse a la Catedral, dentro de la urna que contiene los huesos de Francisco Pizarro, nuestro fucking conquistador! y le roba aquellos que le faltan para completar su propio cuerpo. La víctima se burla del opresor y oculto de sus perseguidores, se mimetiza en el sector dominante vía la usurpación.
Lo que daría por ver la puesta en vivo de Yuyachkani <3
- ... este muchacho iba mal, porque pedirle trabajo a la muerte era ya demasiado.
- ¡Que país es este, el nuestro! Nos paren como un milagro histórico y nos entierran como una tragedia mundial.
- Un antepasado más cándido que yo escribió una carta al rey español de dos mil páginas, que tomó doscientos años en ser leída. En cambio el discurso de Valverde y el discurso de Uchuraccay se leerán en los colegios de este país, como dos columnas del estado.
- Yo sé quién soy, pero tú no sabrás nunca quién eres.
- Era un camino no para llegar, sino para penar.
- ... Utiliza su condición de limeño conocedor de medio mundo para algo evidentemente inmoral en términos de la moral pública, pero precisamente esa moral no es igualitaria: somos una sociedad profundamente antidemocrática, o sea, cero moral. Tanto tu título como mi desaparición son un producto de la falta de escrúpulos. De manera que la eficacia de este parásito tiene la forma de la justicia: acelera los trámites, y eso es lo más parecido a la democracia.
- En este país todos tenemos una vocación frustrada. Es por eso que todos tenemos un precio.
Esta novela es un viaje cargado de líneas tan dolorosas como reales sobre el Perú y la herida abierta que dejó el conflicto interno. En una época de violencia ejercida tanto desde el terrorismo subversivo como por parte de las fuerzas del orden, un hombre viaja desde un pueblo en Ayacucho hasta Lima para recuperar los huesos que perdió luego de ser asesinado sin miramientos. Julio Ortega nos permite seguir este recorrido revestido de magia y sátira, pero que, en el fondo, es la historia verdadera de muchas personas cuya existencia fue interrumpida con injusticia y desprecio, como habitantes de una zona relegada, vista siempre como extraña desde la capital y sus cercanías, a pesar de formar parte de un mismo país. Esta reconciliación postergada vuelve a "Adiós, Ayacucho" una obra necesaria, que debería tener mayor difusión y ser discutida con más frecuencia en diversos espacios.
Increíble cómo el personaje sobrevive a su muerte y viaja en buscas de los huesos que le faltan. Una historia atrapante, lo leí en el camino del autobús a la universidad y de allí hacia mi casa, en unas horas de viaje.
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