No conocía a Tomás González hasta la lectura de este libro, pero diré que se ha debido de hacer famoso por otras obras muy ajenas a "La historia de Horacio". Esta obra fue publicada originalmente en el año 2000, y la edición que he leído corresponde a la reedición de 2025; una decición editorial que no deja de causarme perplejidad.
A grandes rasgos, el libro narra episodios de la vida de Horacio, un hombre mayor que vive en un entorno rural junto a su familia. A través de escenas encadenadas, rutinas domésticas, recuerdos y diálogos, la novela construye el retrato de un personaje obsesionado con la muerte, rodeado de familiares excéntricos y situaciones triviales. La principal virtud del libro es esa: logra transmitir la ansiedad que debe sentir Horacio por la forma de tomarse distintos aspectos de su vida (unas cuñadas cargantes, un hijo maleducado, una pequeña empresa bovina fuente interminable de quebraderos de cabeza, etc.). Cabe decir que Horacio no es para nada un héroe, sino más bien un personaje funesto, machista y en ocasiones carente de moralidad.
Es importante decir que el libro no hace justicia a su sinopsis. Lo que parecía anunciar una oda a la vida, a la vejez y a una actitud vital marcada por los lazos familiares y la contemplación de lo cotidiano, termina siendo un libro de humor muy de nicho, que apenas profundiza en ninguno de esos temas trascendentales. Esa falta de desarrollo provoca una sensación clara de decepción: la reflexión sobre la vida, la muerte o la familia se queda en la superficie, enmascarada por unos personajes anodinos y exagerados. Y es que uno de los aspectos que más distancia genera es el tratamiento de los personajes. Ninguno resulta especialmente cercano ni despierta interés emocional. Todos aparecen como figuras lejanas, excesivamente caricaturizadas, hasta el punto de sentirse poco reales. Más que personas complejas, parecen construcciones humorísticas al servicio del chiste o de la escena puntual, lo que dificulta cualquier implicación afectiva con la historia.
En cuanto al lenguaje, la novela utiliza un registro coloquial colombiano muy marcado, propio de una zona rural de Colombia y de una época reconocible de finales del siglo XX. Este uso del habla local aporta autenticidad y ritmo, pero también puede convertirse en una barrera para lectores no familiarizados con ese contexto lingüístico y cultural, reforzando la sensación de que el libro se dirige a un público muy concreto.
Como contrapunto, hay que reconocer que el libro sí consigue hacer reír. El humor (absurdo e incómodo) atraviesa muchas escenas y se convierte en su principal motor. No es un humor para todos, sino muy específico, quizás efectivo en mi caso por lo novedoso que me resulta.
En conclusión, no recomiendo "La historia de Horacio" como lectura imprescindible. Aun así, no es una lectura vacía: aunque decepciona en lo temático y emocional, al menos consigue hacer reír y retrata un contexto social poco conocido de la Colombia del siglo pasado.