Son más las preguntas que quedan una vez terminada la lectura y eso sigue siendo lo valioso, porque permite seguir soñando con el mito, permite que sigamos siendo creadores de una historia hermosa que ha sido presentada principalmente a través de las epopeyas griegas. Al que lee, le es válido imaginar, le es válido pensar la forma de las cosas que le son presentadas. Así que, mientras esas cientos de preguntas queden sin resolverse, podremos seguir imaginando sobre la belleza de Helena, las capacidades de Aquiles, la imponencia de las murallas y la inteligencia de Ulises.
El libro lo que hace es confrontar esas fuentes. Es un ensayo para nada difícil, en el que se tiene en cuenta, además de lo señalado en las epopeyas griegas, algunos documentos provenientes de los archivos hititas y de la poesía luvita, así como el estudio de restos arqueológicos y de las conclusiones que sobre esos restos realizaron quienes emprendieron las excavaciones. Pero esa confrontación de las fuentes ha complicado mucho más las cosas, porque lo que se pensaba que había acontecido de una manera, ha llevado a concluir que no era así. Se vislumbra, por ejemplo, que en la poesía de Homero hay descripciones de elementos que eran de una época anterior de la que se piensa acaeció la Guerra de Troya y, con las distintas excavaciones, se ha podido establecer que el lugar en el que se encontraba la ciudad ha sido reconstruido al menos nueve veces, y que no ha sido solamente la guerra lo que ha conllevado a que tenga que ser reconstruido. Es más, se piensa que el caballo de Troya no fue un elemento material generado por la inteligencia de un griego, sino que hace referencia a un terremoto producido por el dios de los caballos.
En el texto se pretende contestar muchas de las preguntas que se han generado como consecuencia de la confrontación de las fuentes, pero debe resaltarse dos de las preguntas más importantes que plantea el autor: La primera, ¿Realmente existió Homero? Y no se otorga una respuesta contundente, porque, al parecer, Homero pudo ser simplemente una profesión, la de poeta oral; o porque Homero pudo haber sido dos personas distintas, como quiera que se establece que la Ilíada y la Odisea pudieron haber sido escritas por dos personas diferentes; o que sí existió, pero que su arte consistió en organizar las distintas poesías que había sobre la Guerra que hubo en Troya, de ahí que mezclase elementos y personajes de otras épocas, tal como sucede con Ajax y su escudo. Ahora, qué importa si Homero habló o no sobre lo que realmente aconteció, lo que es relevante es ese legado que dejó a través de sus dos libros. Homero, si existió, fue un poeta, un soñador, un artista, y al artista le está permitido soñar para crear. El mismo poema habla sobre la intervención de los dioses y no nos consta que exista uno o varios. Es la fuente que nos gusta porque se desprende del arte.
La segunda pregunta: ¿Realmente se llevó a cabo la Guerra de Troya? Y la respuesta parece ser que sí, porque en el lugar en el que se encontraba la ciudad se ha podido determinar que hubo una guerra importante, se pudo establecer que se trataba de una ciudad prospera, que, incluso, tenía comercio con Grecia. También se determinó que fue destruida, pero no una sino varias veces. Que sí hubo una guerra con los aqueos, de ahí la importancia de los documentos hititas. En consecuencia, la guerra sí existió, pero no se sabe si lo que se narra en las epopeyas sea lo cierto o no. Y eso a mí qué me importa. Las epopeyas son para soñar, para imaginar, para creer, al que quiera creer. Son para disfrutar el arte. Frente a las epopeyas les pido: “Cuidado con los griegos que traen regalos”.