Una conexión profunda llena de anécdotas del pueblo wayuu vivenciadas entre los años 1920 y 1935. Narrativas de la lucha por la defensa de su territorio, del poder de la palabra y el honor, de las relaciones entre clanes y entre la población indígena con el Estado y regiones fronterizas.
Considero que para quien se apasiona por los relatos indígenas y su cultura, este libro es un baluarte y una joya escondida esperando a ser explorada. Y concuerdo con las palabras de su epílogo que establece que: “Leer esta novela, de casi sesenta años de publicada, en los actuales debates de la interculturalidad colombiana, representa una aproximación a la estética del pensamiento indígena y un acto de reconocimiento al otro que nos reconstruye en la imagen de una Nación plural e incluyente.”