Este libro reúne en un estuche los dos primeros poemarios de Enrique Lihn: Nada se escurre (1949) y Poemas de este tiempo y de otro (1955), que ya muestran el genio y la intensidad existencial de su poesía. Ambos libros llevan prólogos de Pedro Lastra y un texto inédito de Alejandro Jodorowsky con ilustraciones del propio Lihn.
Poemas de este tiempo y de otro Nada se escurre
Prólogos por Pedro Lastra Texto de «La odisea de Enrique Lihn» por Alejandro Jodorowsky Ilustraciones por Enrique Lihn
Enrique Lihn Carrasco was a Chilean poet, playwright, and novelist. The son of Enrique Lihn Doll and María Carrasco Délano, he married Ivette Mingram and they had one daughter: Andrea María Lihn Mingram, an actress.
Born in 1929 at Santiago, Chile, Lihn aspired to be a painter but after a failed attempt during university, he abandoned that dream to pursue writing. Lihn proceeded to develop into a poet, playwright, and novelist. He taught literature at the University of Chile. Lihn views both the past and the future as forms of death, and his emphasis on this point is evident throughout his literary works. His work revolved around his contempt for the contemporary dictatorship, as Chile was governed by a military junta. Works layered with social, political, and religious commentary are common throughout Lihn's canon. His final book, Diario de Muerte was written in the six weeks preceding his death from cancer in Santiago, and the evening before he died, he corrected the proofs.
Lihn ya no me hace nada. Pienso: qué inteligente, qué bien estructurado este verso. Sé que es un chocolate, pero ya no le hallo el sabor. Pero soy yo, no es él, y por eso tres estrellas y no dos.
Poesía temprana de Lihn y un ensayo alquímico de Jodorowsky. El ensayo del topo es bien pánico. Mezcla de saturación escénica con filosofema estrábico. Sin embargo, entre tanto orientalismo pegajoso el chilote muestra el hilo rojo. Algo involuntario se impone en Lihn. Vive en el lenguaje. Hay fuerzas de la naturaleza. Hay demonios que rigen el mundo. Su método satánico es la degradación. Del lenguaje. El de Lihn es su restauración. Que los versos busquen el paraíso perdido. Lo que no está dicho aplasta a lo dicho. Un absoluto amenaza. Sin embargo, el arrebato romántico de Lihn es lúcido. Desconfía de sí mismo. Sabe de la prepotencia de lo inefable. Si no fuera por esa implosión del absoluto que se reconfigura como celebración lírica, estos poemas serían pusilánimes. Por eso Lihn es también un tono anímico que dicta versos que, a la vez, codifican tonos anímicos. Cuando ocurre la armonía entre poema y lectura aparece esa mística que ojo doro llama alquimia. La lectura fluye como escritura. Lihn fabrica lectores-escritores que van escribiendo lo que van leyendo. Una glotis posesa. Como si la película se filmara en el acto mismo de su proyección. El sosiego categorial desaparece. Estado de gracia.