Pese a la alevosa tensión y el cultivo cuasi sádico de una estética de la inminencia, Jauría no es una novela de terror. Ambientada en los alrededores de la bonaerense Epecuén –tan pueblerina, tan de camino y tan sorprendente como un episodio de Fargo– la primera novela de Fernando Chulak es algo muchísimo más interesante y complejo que eso: es una novela de cuidado, si cabe decirlo así. En todos los sentidos: por la actitud que genera en el lector y por la temática, ya que en un mundo cerrado de solitarios cautivos por decisión o contrato, el solitario Sergio (cuidado con él) cuida a un Fonseca desolado y se cuida de su jefe, cuida a los dogos que entrena y debe tener cuidado de/con ellos. ¿Y el narrador? En el fondo, la excelencia de la novela está en esa incertidumbre: cómo y cuándo les soltará la mano. Porque el tema de hacerse cargo de sí mismo y del otro o de los otros atraviesa el relato: padrastros, huérfanos y malcriados/desorientados por la vida hacen que otros cuiden y/o (se) cuiden de ellos para existir. Pero no entienden nada. La enfermedad que recorre las apretadas, rigurosas páginas de Jauría, novela negra, sabia y reticente que no se permite ningún exceso, es una ansiedad difusa, un malestar que no sabe su nombre y que Chulak o su personaje más cercano y enceguecido jamás nombran ni intuyen sino como incómodo golpe de claridad por una ranura saturada –el parpadeo contra el sol y la tierra voladora–, es una rabia sin espuma ni sentido ni vacuna ni grandeza: la compulsión, la necesidad de algo para morder.
Tres meses; un año, es su tercera novela y fue publicada en 2023 por Beatriz Viterbo.
En 2021 se editó Tilde, tilde, cruz, ganadora en 2019 del Premio Gombrowicz de Novela y finalista en 2022 del Premio Fundación Medifé Filba. Publicada por Beatriz Viterbo.
En 2018 publicó Jauría, por Aquilina Ediciones.
Además, con un libro de cuentos inédito fue finalista del Premio Provincia de Córdoba 2017 y Primera Mención en el concurso del Fondo Nacional de las Artes en 2014.
Novela negra que empieza muy bien, con tensión, expectativa y que genera un gran interés por saber qué pasa, cómo se irán desarrollando los personajes y hacia dónde ira la historia. Está muy bien escrita pero, el desarrollo de la trama y cómo se fue armando la historia no me terminaron de convencer. Los personajes quedaron a mitad de camino. El final quedó desdibujado. 3.5
La novela arranca mucho mejor de lo que termina. Los primeros tres o cuatro capítulos (siempre cortos) son muy interesantes y enganchan mucho al lector. Sin embargo, después la historia empieza a desinflarse paulatinamente y se transforma en un libro más. Está bien escrito (no se le pide que se ponga a narrar en poesía si estamos hablando de una novela negra) y se lee muy rápido. Pero creo que no llegó a colmar mis expectativas. Daba para más.
Novela negra, si las hay. Perros. Violencia. Un amor distinto. El amor como error, como infructuoso: el cariño no es necesario, es un obstáculo cuando de criar a un perro de pelea se trata. Es perjudicial para el animal y para el dueño. La empatía es el peor de los males. Buenos Aires adentro. Epecuén. Sus ruinas. Y la zona aledaña. El campo. La ruta. La rispidez del paisaje. La soledad. Un secuestro. Y la plata que moviliza al mundo. Que moviliza al protagonista, Sergio, para guardar en su casa a Fonseca, con tal de juntar unos pesos de más. Pero esa compañía se vuelve tortura. Porque aquel acostumbrado a la soledad, al final, no busca más que la soledad.