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654 pages, Paperback
First published January 1, 2018
“Cuántas vidas se arruinaban en los sótanos de las casas de todo el planeta”
“George era lo más semejante que yo había conocido en mi vida a un héroe trágico, o a un héroe tragicómico, uno que hace todo lo que está en sus manos para darle al destino la forma que le parece justa, pero de quien el destino se ríe violentamente, espasmódicamente, de quien el destino se burla de manera incesante, sin misericordia, aunque él no se dé cuenta”
“Cuando eres joven y empiezas a escribir, crees que eres una especie de arquitecto que construye puentes para que la gente los cruce, para que la gente vaya del lugar desolado donde vive a un lugar lleno de vida donde se abolirá la desolación. Con el tiempo te das cuenta de que no es así. Los puentes que construyes son, inevitablemente demasiado frágiles. Se rompen apenas alguien trata de cruzarlos. Los ves caer y sabes que el poema que escribiste era una trampa mortal”
“Los dictadores latinoamericanos siempre matan menos de los necesario. Francia, Rosas, Trujillo, Vargas, Somoza, Batista, Stroessner, Pinochet, Pérez Jiménez, Videla, dictadores de guante blanco… Hitler mató a diecisiete, a dieciocho millones. Debió matar a cien millones, el mundo sería otro. Pero no dejó de matar porque quisiera, él fue el único que sabía que había que matarlos a todos. Él sí sabía… Tojo, el primer ministro de Japón, mató a cinco millones. Mussolini a medio millón. Leopoldo II a quince millones de negros en el Congo… Kim Il-Sung mató a un millón y medio en Corea. Pol Pot a dos millones en Camboya. Stalin a veintitrés millones. Mao Tse Tung a setenta y ocho millones… Lo que nos haría falta es un Pinochet que fuera como Mao, un Pinochet que matara como mató Mao, pero en la dirección correcta”



"Yo hice un esfuerzo por recordar sin dejarme atrapar en los tentáculos de la memoria, porque, para mí, contar esas cosas era regresar al centro del laberinto y contagiarme de un pasado que era una enfermedad."
"La venganza es la única pasión destructiva, aniquilante, que al mismo tiempo es justa, y en eso radica su belleza. Tal vez a eso se debe que las mejores historias que los humanos han imaginado sean historias de venganza. La Ilíada, Medea, Hamlet, Moby Dick, El conde de Montecristo, El clavadista ingrávido. La gente las sigue leyendo porque la gente quiere venganza. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿a quién vengaron esos libros? La respuesta es: a nadie. Es posible que todos esos libros hayan sido escritos para vengar algo, pero ninguno vengó nada."