Nunca había leído a Gloria Gervitz y Migraciones me cimbró por completo. La indagación que Gervitz hace sobre el cuerpo, el amor, el sexo, la memoria, la identidad, el lenguaje y el tiempo me parece tan íntima y cercana, tan profunda y al mismo tiempo asequible. Me parece un viaje por la vida y la sensibilidad ante ésta, por la enunciación de un pasado perdido, del duelo por la madre y al mismo tiempo el planteamiento de preguntas acuciantes para poder sortear el presente. Me resultó un libro que en cada página tenía algo que decirme, algo que me inquietara o me consolara. Recién termino de leerlo y quiero ya volver a sus páginas.
Qué increíble este libro que por pura casualidad me compre (que para mí fue Dios). Me lo recomendaron y creo que es de mis mejores lecturas de este año. Puede que haya algo de mí proyectándose en los temas que se abordan en este poema; la memoria, la muerte, el sexo, la vida, Dios, el exilio, la orfandad… y a lo mejor no estoy siendo objetiva, pero no importa porque es increíble, léanlo.
Migraciones es un poema escrito a lo largo de 40 años, así que el calificativo “largo aliento” pocas veces ha encontrado un mejor objeto qué describir. Supongo que cuatro décadas es apenas suficiente cuando necesitas exorcizar a tu madre. La Madre arquetípica –tan devastadora y omnipresente como admirada y protectora– es la columna de este poema. Gervitz le habla a ella casi todo el tiempo, pidiéndole (exigiéndole) una diversidad de cosas, esas cosas imposibles que todos los hijos le pedimos a nuestros padres: que nos cuiden sin sobreprotegernos, que nos guíen sin definir quiénes somos, que nos amen sin abrumarnos. Gervitz pinta a su madre como una deidad inconquistable, ante la cual su mejor alternativa para sobrevivirla es sacrificarse a sí misma al fusionarse con su madre hasta volverse ella. Los únicos momentos donde Gervitz puede ser ella misma es cuando experimenta placer sexual. Es lógico: ¿cómo si no es reconociéndonos como seres sexuales cortamos lazos con la infancia y nuestros padres? La toma de conciencia del cuerpo es el paso hacia la individuación, una necesidad que no es de vida o muerte –como las que la madre puede saciar: comida, casa, cobijo–, sino hedonista. Migraciones es un poema doloroso quizá porque es un exorcismo fallido y La Madre termina imponiéndose de una manera u otra. Sirvan como ejemplo estos versos, un ruego triste porque no aspira a la libertad, sino a la esclavitud serena: “déjame ir / suéltame / madre misericordiosa / ten piedad de mí / sostenme / derrótame pero dame tu consuelo”.
Skimrar stundvis och bränner till ordentligt, men aningen upprepande och stundvis kanske inte riktad till just mig, just nu i livet. Men av samma orsaker ger Migrationer också tröst (om än lite motstridigt) i det faktum att vissa frågor bara fortsätter att bli ouppklarade oberoende av hur länge (1976-2018) en bär dem med sig. Gjorde fler hundöron än jag gjort på länge; här är några av mina favoritställen:
”Vilken del av verkligheten är den bräckligaste? min egen eller den där de andra ser mig?”
”jag borde slita dig ur jorden trampa fram dig
du ömtåliga du som darrar
försona mig med mig själv så att jorden inte tynger mig
jag vet inte hur jag ska fortsätta jag är förtorkad”
”jag hade svar dunklare än mina frågor vad jag verkligen är, undandrar sig min förståelse jag vet inte vem i mig som fattar mina beslut jag kastar mig ner i avgrunden från hög höjd jag trasslar in mig i mina egna vingar”
Vill inte försöka mig på att beskriva eller värdera Gerviz lyrik, det gör Hanna Nordenhök och Gabriel Itkes-Sznap bra i efterordet.
un libro al que siempre voy a querer regresar. “uno se va a morir a solas a solas en lo oscuro / lejos de lo que fue o creyó ser / uno se muere entre los sentimientos más simples / en la sorpresa enorme de estarse muriendo”
Si me dieran a escoger un solo poema de entre toda la literatura mexicana que he leído en mi vida, me quedaría con éste: un poema que lanza preguntas insolubles que, contra todo pronóstico, logran resolverse en el verso final. Esa línea sigue resonando en mi mente y sé que se quedará ahí un buen tiempo. Un poema que, me aventuro, habla acerca de todo. Desde el silencio y lo que no se suele decir. Como escribe en una de las primeras secciones:
«y se habla de lo que se ve/ y se habla de lo que se hace/ y se habla de esto y de aquello/ y lo más verdadero se calla/ lo más verdadero no se dice».
Con total convicción me tatuaré uno de sus versos pronto. *
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* Esto no es una reseña, es un apunte desde mi corazoncito exaltado. :)
Estaba en Guadalajara, cuando apareció el poeta Carlos Cociña y me dijo "Diego, no te puedes ir de México sin leer a Gervitz". Toda la razón. Migraciones es un poema de flujo, en donde las palabras del hebreo, el castellano y el nahuatl se unen en un recorrido personal, en torno a la historia de una abuela, una madre y una hija. Hay escenas bellísimas de la infancia, miles de flores y pájaros dando vueltas, los sabores y colores de México, la violencia, los libros y el erotismo. Una obra que se lee en una tarde, pero que se podría estar leyendo por más de 40 años.
"No siento lo que soy, soy lo que fui y lo que estoy queriendo ser". Gloria ha puesto palabras a las migraciones, en el sentido y sentir bajo el cual cada quien las viva, aquellas que sólo a nosotras nos pertenecen. La vida misma es una migración que nunca termina; este poema habla sobre una, pero sin embargo, podría estar hablando sobre cualquier otra. Me habité y habité cada verso. "Sueña que es hermoso el sueño de la vida, muchacha" Simplemente maravillosa.
Hasta el pasado 19 de abril, Migraciones (1976-2020) fue un poema vivo. En constante transformación, el poema se alimentaba de sus cambios. Como los pájaros y las oraciones, sus versos migraban con el paso de los años. Al paso de su migración, algunos versos desaparecían y otros se agregaban a la parvada. Por consecuencia de su misma raíz, las Migraciones de Gloria Gervitz resulta un poema difícil de comentar. En resumidas cuentas, la propuesta es un poema de largo aliento. Como si fuera una sinfonía, le corresponden varios momentos de diferente intensidad. Dependiendo de la edición, varían esos episodios, aunque los más conocidos y analizados son Shajarit, Yizkor y Treno. Ya desde su condición episódica, Migraciones recuerda a la lírica épica y clásica, dispuesta en cantos. En efecto, la propuesta de Gervitz puede leerse en clave de épica personal en la cual la poeta es héroe de su propia batalla personal. La voz lírica explora, ante todo, la identidad y cómo está se encuentra cimentada en una condición políglota. Por ello, la poeta rescata de la memoria un habla heterogénea y, si bien el texto pertenece a la tradición de la lengua española, hay textos escritos en inglés y otros remiten directamente al panteón de oraciones en hebreo: Yizkor, por ejemplo, viene de a raíz hebrea zajor que significa recuerda. Los títulos de las migraciones ofrecen claves interpretativas: la oración de la mañana, la videncia, el río de la memoria, las estaciones del año. Así pues, en Migraciones Gervitz habla de su pasado y las ciudades, de su familia y el olvido. Hay también una potente declaración frente a la muerte, casi escrita con cierta dosis de clarividencia y madurez: "Porque morimos soños. Y la muerte es apenas el despertar / de este sueño primero de vivir y dijo mi abuela a la salida del cine / sueña que es hermoso el sueño de la vida". En mi opinión, las mejores páginas de erotismo que he leído en un poema se encuentran aquí, delicadas y sugerentes, como la música de una rosa que es arrancada de imprevisto: "Y tus dedos como moluscos tibios se pierden adentro de mí / Estamos en la fragilidad de la corteza del otoño / En el parque rectangular / en la canícula, cuando los colores claros son los más conmovedores". Y como toda forma de erotismo es también un llamado a la muerte, Gervitz habla de la putrefacción de los días y del sueño de la vida. El poema no muere, sin embargo la muerte de la poeta. El poema está en otras partes. "¿Qué más queda por decir", nos cuestiona al final.
He tenido muchísimos recuerdos de mi madre y me ha alegrado y entristecido al mismo tiempo sentir y leer a una persona con el mismo dolor, las mismas preguntas de identidad, memoria, de lo que somos y de lo que dejaremos de ser
Gloria Gervitz escribió sobre sus experiencias y, a su vez, sobre las experiencias de muchas mujeres. Leerla fue como leer partes muy profundas e íntimas de mí misma.
La idea de aferrarse a un solo texto durante toda la vida puede sonar limitante en primera instancia. Sin embargo, y aunque no puedo tener la certeza absoluta, me parece que la apuesta de Gervitz con Migraciones no es sino todo lo contrario: un intento por romper todo límite, cuestionar lo difusa que es la frontera entre lo uno y lo otro a través del texto.
Esta voluntad rupturista se materializa en la naturaleza del texto. Porque este no es un texto estático, sino expansivo y dislocado. Sé que Gervitz lo reeditó persistentemente a lo largo de su vida en un acto que dio a conocer un proceso poético vital. Pero, alejándonos de la cuestión biográfica, este es también un texto de múltiples entradas que parece expandirse conforme uno lo va leyendo. Allí convergen, como en un palimpsesto, capas de referencias, recuerdos y voces que, apareciendo y ocultándose, dan vida a un texto móvil y fluido; es decir, un texto que migra hacia diversas partes de forma simultánea y que resiste a una clasificación unitaria.
La construcción de esta migración es, por supuesto, compleja y, por tanto, sostenida en diversas operaciones textuales que se engarzan a lo largo de las páginas. Una de las más llamativas puede ser la poliglosia del mismo poema. Si comprendemos Migraciones como un único poema de gran extensión –y es así como prefiero hacerlo–, la inclusión de todos estos idiomas da cuenta de una cualidad fronteriza. En este sentido, la convergencia de idiomas se constituye como un dispositivo que disloca la voz poética no solo en lo lingüístico, sino también en lo identitario. Esta expande su territorio a través de este tránsito, desde un intersticio inestable en cuanto a su lengua y su origen. Así, no hay una sola lengua que permita expresar el poema, pues el poema no es encasillable en ninguna de estas lenguas. El texto de Gervitz ocupa, de esta manera, una ubicación difusa para enunciarse, quebrantando los límites de lo que podemos comprender como voz lírica o sujeto poético.
Esta decisión escritural, sumada a la ausencia de puntuación y de partes que dividan al poema, erige una matriz textual que transgrede los límites del espacio convencional y que se dispone a sí misma mediante la variación constante. En un recorrido intenso y emotivo, el texto de Gervitz logra dislocar lo que podemos comprender como cierto en poesía y moverse de forma libre mediante una migración perpetua o, en términos de Peirce, una semiosis infinita.
Migraciones Poemas 1976-2020 de Gloria Gervitz, libros de la resistecia, España 2020, reune el trabajo creativo de más de 40 años que fue publicado en distintas ocasiones según la autora avanzaba con su escritura.
Gloria Gervitz reconoce que no sabía que esta creando un solo poema. En esta edición, la definitiva dice la autora, se han eliminado los nombres las distintas secciones, así como casi todas las mayusculas y signos de puntuación, también resperta una maquetación donde los espacios en blanco sirven de aire y silencio dentro del poema.
El poema inicia con el verso "en las migraciones de los claveles rojos donde revientan cantos de aves picudas" y crea, según mi interpretación, una invocación donde el tiempo y el espacio se anulan; la voz poética, tan cercana a la autora, empieza a dialogar en un nuevo espacio-tiempo sagrado con dos importantes figuras, la madre y la abuela, en tonos intensos y amorosos se enfrenta a la muerte, a la memoria y a la perdida de la memoria, a la vejez y al olvido.
Todo el poema incluirá otras voces por las cuales escuchamos hablar a mujeres que tuvieron que dejar sus lugares de origen para migrar en busca de mejores condiciones. Elementos religiosos como la inclusión de frases en idish y de la tradición judeocristiana acompañan momentos de erotismo femenino llenos de vitalidad en la tradición de la poesía mística en español.
La lectura del poema es muy gratificante tanto en su contenido como en su diseño, la interrogantes que acompañan el poema se vuelven al lector y los silencios nos permiten una experiencia que algo tiene sagrado que nos abraza tiernamente.
leste denne for første gang på nynorsk i 21 og føler meg ikke like frelst denne gangen (selv om det svenske fungerer på en flott måte!!). det tror jeg er fordi tempoet utover i boka kjeder meg - det leses som en slags meditasjon over alderdommen m.m., et brev til seg selv/et kjærlighetsobjekt/en mor/en leser, et hjertesukk, en filosofering - og det er fint, men jeg er mye mer interessert i de partiene som ligner åpningsdiktet, hvor scener foldes ut i et mylder av liv og bevegelse og hvor stemningen er mer spent enn rolig. fortsatt et verk jeg inspireres av!
Muy bueno. Muy disfrutable. La pluma de Gloria es conmovedora y más en los poemas referidos a la relación con su madre, que no pueden ser más despedazantes. Explora la sexualidad, la fraternidad, la niñez y el amor en todo un entramado que, sin embargo, aún no le encuentro el orden específico. Bravo igual, muy disfrutable y me quedo con bastantes favoritos.
Un poder emana de este libro. Se recorre un camino por muchas ciudades hermosas y desoladas. Se está lleno y de repente vacío. Una mano cálida aprieta el recorrido. Muchos ruidos, música, madres, hermanas y, como siempre, el dolor que se puede decir. No se entiende la ausencia, se reclaman muertos. Lo último que queda es la voz.
"el amor no tiene piedad y yo que estoy hecha de palabras no tengo palabras y el corazón cae en el corazón del mismísimo Dios y yo me tiemblo ante ti en el deseo de ti de ser en ti como de Dios"
lloré en cada página, no sé que decir Es increíble
Entrañable. Versos cadenciosos sobre la lluvia, la corporalidad, el erotismo y la lengua. A ratos emerge una novela sobre la madre y los viajes; o una crónica brillante sobre un mercado mexicano. Recomendable.
Si nos sentáramos a mirar un poema y perdiéramos el reloj, lo veríamos siempre mutando. Y, creo, sentiríamos una inmensa ansia de apresarlo. Eso logra Gloria Gervitz, en el más amplio sentido de la palabra.