«El gobierno que hoy nos desgobierna, como todos los anteriores, ha hecho de la cultura letra muerta y de la educación un mero instrumento para hacer política. Quienes ejercen el poder no quieren que el pueblo se eduque y se cultive porque, cuando ese momento llegue, desparecerán del mapa político.»
Antonio Solana, el nuevo director de Cultura y Bellas Artes, además de pariente de la primera dama, se propone llevar a buen puerto la gira poética que rescatará entre los jóvenes los valores perdidos. Las buenas intenciones de Solana, Proverbio González, el subdirector, y los poetas del programa "De vuelta al Parnaso" quedan atrapadas en las redes de los políticos y de la corrupción. La única salida es rebelarse para hacerse oír a través de un golpe de estado... cultural.
Juan David Morgan nos sorprende con una novela satírica que supone un giro en su producción literaria. La prosa limpia y el buen ritmo narrativo le sirven al autor para denunciar, con agudas dosis de humor negro, la poca importancia que la mayoría de los países latinoamericanos otorga a la cultura.
Un planteamiento interesante e innovador, muy fácil de leer. Pero me molestó tanto el machismo (especialmente hoy en día - no es un libro escrito hace décadas) que no pude disfrutarlo ni recomendarlo.
Este hermoso libro. Marica, qué elegancia, qué bacano — ¡QUÉ EMOCIÓN! — leer algo panameño. Aunque se nota que el autor intentaba no usar explícitamente el nombre del país (y nunca lo hizo, de hecho), ya que estaba intentando abordar ese tema de la relación entre la cultura y el gobierno en todos los países latinoamericanos, cositas como namedrops de pueblos/ciudades, jergas panameñas— aunque tuve que esperarlas 215 páginas y marica, qué chimba que hablo panameño también para poder entenderlo todo (¡AHHH!); todo esto hizo que yo me gozara de la lectura.
Antes de que me digan agüevao por fangirlear intensamente por Panamá, hay que darles mi opinión sobre el libro mismo: son 297 páginas de pura acción, la trama es de ritmo rápido, así que cada página trae un nuevo reto, problema que nuestros personajes tienen que enfrentar. Sin embargo… se trata de política, un ser no-humano, ese concepto más sifilítico, sidoso, concebido por la sociedad. No soy anarquista, así que guarden sus piedras, pero leer sobre corrupción amarga la vida. Morgan, con sus palabras precisas, expone y denuncia la susodicha corrupción, mostrando el desinterés de los gobernantes por la cultura y educación de los ciudadanos. Aún así, leer sobre injusticias tras injusticias —aunque mezcladas con salsita humorística que efectivamente hace que el libro sea más charro— me ponía muy achicopalao.
Más que el estilo fresco de la narrativa, llena de refranes y situaciones a veces in tanto divertidas, el tema abordado, utópico por demás, me resultó realmente maravilloso: un pueblo que lea y se culturice, un pueblo que crezca como consecuencia de la evolución individual de sus habitantes, un pueblo que piense y, sobre todo, que intente constantemente de ser mejor! La lectura nos permite abrir la mente a millones de nuevas oportunidades… ojalá eso ocupara el tiempo de nuestras juventudes 😕 Buenísimo libro!
Una historia cargada de rumores actuales, jugadas políticas dudosas en países tercermundistas y malas prácticas civiles. Este libro te hace reflexionar en el poco enfoque que como nación le ponemos a la cultura. En especial a la poesía edificante. Además como no hemos sido capaces de entender que la cultura y la educación son los únicos pilares capaces de rescatar a la sociedad superficial en la que vivimos.
¿Será posible una rebelión de poetas? ¿Podríamos ser capaces de hacer una patria cultural?
Una historia de lenguaje elegante pero fácil de entender, toques de sátira, varios proverbios y poesías. Con todas mis fuerzas deseo que sea posible esta utopía. Hasta me han dado ganas de derrocar al gobierno. ¡Cultura cultura ahora!
Un buen libro en contenido y mensaje; especialmente al narrar una realidad que se vive en la mayoría de los países latinoamericanos y que impacta a todos los niveles de la sociedad. Sin embargo, pudo haber tenido mejor forma en el estilo de narración y el lenguaje literario utilizado; le faltó naturalidad en los diálogos y mejor encadenado entre una trama y otra para no causar un efecto de “hard stop” en el lector a través de la historia.
Una historia que refleja la realidad política de la mayoría de los países latinoamericanos. Al lograr el aprecio de los personajes, el autor despierta en el lector la esperanza de una patria cultural; sin embargo, esta se ve irremediablemente afectada por la corrupción, el clientelismo y los intereses personales pero sin apagar la ilusión de una sociedad enamorada de la cultura y la educación.
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Al inicio el ritmo era repetitivo y, por tanto, aburrido. Para mi grata sorpresa, luego empiezan a explotar una serie de sucesos que terminan de coronar la obra. Es graciosa, entretenida, enganchante, y una gran crítica a como la política partidista termina por destruir la cultura y demás necesidades sociales
Esta novela hace un interesante ejercicio: qué pasaría si los poetas se revelan al status quo. Con una prosa ágil, los personajes luchan contra intereses políticos. Las páginas están llenas de sátira, buen humor y frases geniales. Sin embargo, creo que la historia pudo contarse de una mejor manera.
Un completo giro de tuerca por parte del escritor. Una manera decente de protestar. Mezcla la ironía y la sátira de forma eficiente. Prosa prolija y con buen ritmo. Te mantiene interesado en la trama. De fácil lectura y buen manejo de proverbios.
Para las personas de a pie es poco común cuestionarse cómo el presente de la poesía se disuelve en observaciones post-apocalípticas. De hecho, el presente nos resulta en sí mismo post-apocalíptico, y a la poesía, el lugar que ocupa en el ancho orbe le resulta raquítico, valga la pena decirlo, poco poético. Podríamos pensar en un mundo post-poético en el que los asuntos versificados se han ido metiendo lentamente en el cajón de los archivos, y podríamos también prevenir a los investigadores del futuro que los poemas a leerse (para rescatarlos –si nos da tiempo–) serán aquellos que vendrán embotellados en lenguajes de programación radical cada vez más alejados de la idea de “alta cultura”.
En cierto modo, lo anterior no ha pasado pero está sucediendo. Creemos que estamos cerca del fin de casi todo y en el inicio de algo nuevo. Para los politiquillos latinoamericanos, los asuntos de la poesía forman parte de la categoría del ninguneo y, entre más lejos estén de ellos, mejor. Le hacen el feo porque la poesía les resulta un gargajo, les parece anti-estimulante, la miran como un juego que parte del delirio del intelectual tropicalizado, sombrero Panamá, guayabera, saco de pana, jeans, gafas de pasta; el cliché del poeta frente a la página en blanco con los ojitos en blanco a la espera de la llegada del rayo que partirá a la lengua española.
Y en cierto modo es verdad, pero en otro tono tampoco es cierto. Los poetas quieren que todos sus esfuerzos se vean reflejados en la palabra escrita y en el silencio, atienden los comentarios con cierto espasmo, si no con dolor, ante las injusticias. Bien podría decirse que los vates viven bajo signos de aire, vislumbran los errores del futuro porque en la dialéctica de la observación de la vida han podido reconocer en el pasado el horror de la historia, en tanto a los jefes, a los líderes y a los políticos que llegan al Poder, todo lo anterior les parece sí, exactamente, demasiado poético, infructuoso, chocante e inútil; valga pues, digno de poetas.