La idea en principio me gustó mucho: Testimonio de un caso muy famoso - en su zona - de lo que fue una drogadicción. El nieto del imperio Tetra Pack, multimillonario, que desde jovenzuelo tuvo problemas al respecto y que luego se casó con una mujer que venía de algo similar. Luego de años rehabilitados, ya con cuatro hijos chicos, recaen súbitamente y ella muere y como él está drogado y en negación, se aísla con ella durante semanas sin enterrarla porque no quiere aceptar lo sucedido (sin nadie aún saber que ella ha muerto). Luego lo descubren, hay gran escándalo en la familia y en los medios, él vuelve a rehabilitación durante años y la hermana cría a sus hijos en vez, la misma hermana que escribe este testimonio. Por último, años después, logran encontrar cierta paz y reafirmar lazos todos.
El libro está escrito con mucho cuidado, no solo por ser un tema delicado, sino que también por la posición de poder y a la vez vulnerabilidad que la autora sabe que tiene la familia siendo tan ricos e importantes. Aún así trata de explicarse con toda la candorosidad posible, cosa que no le resulta mucho, trae mucha información complementaria con mucha dedicación, pero el resultado queda un tanto estéril, muchas veces parece más una tesis filosófica que algo personal, cita a más artistas y escritores y pensadores de los que puedo contar con los dedos de todas mis extremidades, y muy poco a lo que piensa ella misma o piensan el resto de la familia.
Al principio pensé que tantas citas y tantas alusiones eran un acto de snobismo, pero luego me di cuenta de que la autorai simplemente trata de paliar lo amargo de la experiencia con sus herramientas lo mejor que puede. Después de todo, ella misma es editora, su trabajo diario son los textos y su análisis y citar a todas esas personas. Lo malo - a nivel libro - es que pasa la mayor cantidad de tiempo como decimos en Chile "sacando la vuelta" y diciendo cosas sin decirlas, entonces, a la hora de la verdad, como testimonio real no cumple tanto.
Así que, pese a que agradezco el intento de mostrar un caso de drogadicción desde adentro encontré que el testimonio era meh. Mucho ruido y pocas nueces, aunque por las razones más válidas posibles. Con algunas joyitas deslizadas de cuando en vez.
Un par de citas que destaqué de todas formas:
1.
Como dijo Ishmael Reed citando a George Bernard Shaw, si no contamos nuestra historia, otros la contarán por nosotros y nos vulgarizarán y degradarán. Escribo este libro a sabiendas de que tal vez se considere una traición a la familia; un acto vergonzoso, una forma de sacar tajada.
Si algún lector piensa eso, quiero que sepa que yo lo he pensado antes. Si algún lector piensa eso, que tengan en cuenta cómo crecimos mis hermanos y yo: riqueza, privacidad, silencio, discreción. Pero alguien murió, temprano de madrugada, o bien avanzada la noche. Creo que Eva estaba a punto de recuperarse cuando falleció. Había señales de que empezaba a recuperarse. Y aún así murió. Mueren muchos drogadictos. Muchas familiar quedan destrozadas.
2.
El mismo pelo castaño, idénticos ojos verdes, las mismas pestañas oscuras. Yo era poco agraciada y Lisbet guapa. Yo era rebelde y ella buena. Aunque en realidad no éramos muy distintas. Los gemelos y las naciones vecinas mantienen lo que Freud denominó "el narcisismo de las pequeñas diferencias". Pese a que nosotras fomentábamos nuestra diferenciación, en ocasiones nos confundían por la calle. Yo también podía ser guapa bajo una luz favorable. Y Lisbet se rebeló en su momento.
3.
¿En qué se convertiría? [Hans Christian, el hermano]. Lisbet y yo nos convertimos en profesoras de universidad, como lo había sido mi madre. Las dos dejamos la enseñanza, del mismo modo que la había dejado ella. No nos dábamos cuenta de que considerábamos a nuestra madre un modelo de conducta, pero lo era, claro está: trazamos nuestra vida en relación con nuestros padres y nuestra cultural.
¿Y quién podía ser el modelo de mi hermano? En una sociedad meritocrática como la sueca, era imposible que fuera como nuestro padre.
4.
Un día se presentó mi primo, al que apreciaba, con su mujer. No me acordaba de que los había invitado a comer y cuando llamaron al timbre sentí pánico. Los llevé al restaurante indio de la esquina, un esfuerzo supremo. Superé la situación, aunque por los pelos. No dejaba de disimular.
¿Por qué era tan importante disimular la angustia? Lo ignoro, pero así son las cosas. Expresar vulnerabilidad resulta fácil cuando somos fuertes y casi imposible cuando no lo somos.
5.
Una noche tranquila de principios del verano cogí un cuchillo y me hice unos cortes superficiales y largos en el brazo. Brotaron gotas de sangre, sartas de perlas rojas. Mientras en la cocina trazaba rayas y dibujos sobre mi brazo, mi gata se me enroscaba en las piernas, maullaba, zigzagueaba, se pegaba a mí. Recuerdo que me pregunté si su reacción era una señal de inquietud o bien la excitaba el olos de la sangre.
Y luego me vine abajo. Lloré hasta quedarme sin aliento. Llamé al centro de rehabilitación y al día siguiente me encontraron una cama.
6.
Las drogas embotan la capacidad de sentir. Y sin emociones no podemos vivir. Leí en el New Scientist o en el Scientific American que la mosca de vinagre se "inquieta" al ver sombras que se asemejan a sus depedradores.
El miedo es crucial para la supervivencia, claro: las moscas con miedo deben de contar con una enorme ventaja evolutiva con respecto a las que no lo tienen. Los animales necesitan emociones para sobrevivir. Igual que nosotros. Sin emociones podemos convertirnos en un náufrago en pleno centro de Londres. En un vagabundo que hurga en la basura de su propia casa.