Lectura muy recomendada. Encuentro redundancia en su planteo a lo largo de los artículos que presenta, pero supongo que se debe a que, como bien adelanta el autor, se trata de una recopilación de escritos propios. Sin embargo, esa redundancia logra tener un efecto positivo en tanto el mensaje en general de Garrido es lo que perdura exitosamente.
Hay algunos aspectos para destacar, como ser la coherencia de su razonamiento y la facilidad de rastrear implícitamente o adjudicarle un marco teórico claro dentro de las teorías acerca de la comprensión, cosa en la que no voy a ahondar. La claridad con la que expone la tarea docente (o por lo menos lo que él considera como tarea docente) del área de Lengua y Literatura queda resumida con la frase "elaboración de un sistema de referencia", pero siempre con el objetivo de formación de lectores, es otro buen punto a mencionar.
Sí considero criticable la jerarquía que realiza en numerosas oportunidades colocando a las obras literarias como los textos de lectura por antonomasia. En su jerarquización llega a plantear que un lector no lo es por completo sin haber leído literatura, con lo que no estoy de acuerdo. Coincido en la relevancia de la lectura de la literatura, en que esta actividad nos enfrenta a textos con una carga de sentido mucho más amplia que cualquier otro, pero existen lectores de literatura no alfabetizados en textos académicos, es decir que se encuentran dificultades en ese tipo de lectura incluso en el nivel superior. Por lo tanto, se puede leer (en tanto comprensión, según el autor) literatura, pero todavía no ser un lector completo. Entiendo, sin embargo, que su formación y su experiencia de vida es la que fundamenta esas afirmaciones.
A pesar de esta salvedad (resultado de una primera y única lectura, por lo menos), es realmente interesante para todo/a aquel/a que se encuentre siendo formado/a para ejercer la docencia en cualquier área o para quienes ya son docentes. Me permito tomar unas de las reflexiones de Garrido y plantear que me sorprende que todavía lo desarrollado en este libro nos parezca novedoso y atractivo y que con tanto avance en el área y tanto publicado acerca del tema, el tratamiento de la falta de comprensión no sea una problemática que se materialice en alguna política educativa (al menos en Argentina). O, en todo caso, debiéramos preguntarnos por las razones de su ausencia.