Sociólogo, graduado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Durante las décadas de 1960 y 1970 fue, junto a José Aricó, uno de los animadores del proyecto político-intelectual articulado en torno a la revista Pasado y presente. Tras el golpe militar de 1976 se exilió en México, desde donde dirigió la revista Controversia. Con la vuelta de la democracia se convirtió en Profesor Titular Regular de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y en su decano entre 1990 y 1998. A mediados de los años ochenta, junto a Aricó, fundó el Club de Cultura Socialista y la revista La Ciudad Futura.
Lo he pensado varias veces: en América Latina, los argentinos fueron quienes mejor leyeron a Gramsci. Este libro, que se compone de varios textos, es un estudio riguroso de Gramsci en el que se tocan distintos temas de suma relevancia, por ejemplo: 1. La tradición sociológica y política en la que se inscribe la producción teórica de Gramsci. Al respecto de ello, los primeros apartados del texto que lleva el mismo título del libro, «Los usos de Gramsci», es bastante esclarecedor. Y es que Portantiero, que era sociólogo de formación, hace un balance entre las consideraciones funcionalistas de Weber y los debates suscitados sobre las organizaciones sociales que desplazan tales consideraciones a partir de una perspectiva materialista. En estos apartados, Portantiero va contrastando las posiciones de Weber, Luxemburg, Lenin, Sorel, Croce y Gramsci. No sin mostrar los cambios en la producción del mismo Gramsci, desde antes de los «Quaderni» hasta éstos. 2. Asimismo, el autor del libro expone los usos de Gramsci en la teoría y práctica políticas y socialistas, encaminando la cuestión al socialismo en general y a las condiciones que tiene para emerger como fenómeno nacional. De ahí que Portantiero se dé a la tarea de esbozar algunas de las implicaciones de esto en el contexto de América Latina. 3. Por último, y no menos importante, el libro cierra con un texto fascinante en el que se examinan los fundamentos epistemológicos del trabajo de Gramsci con respecto de su materialismo. Esta parte es brillante, pues se despliega toda una argumentación que devela los pilares que sostienen la problematización gramsciana sobre las relaciones entre la estructura (económica) y la superestructura (ideológica, no en el sentido primero que Marx y Engels dan a este concepto). En este texto, el autor argentino precisa el sentido de los conceptos gramscianos elementales, a saber: bloque histórico, hegemonía y crisis orgánica. En mi opinión, es lo más interesante.
En definitiva, Portantiero se muestra como un pensador bastante lúcido, aunque descuida asuntos medulares: como la función de los intelectuales, la relevancia de la educación, la herencia de Maquiavelo y la complejidad implícita en el análisis de fuerzas (que, en Gramsci, permite generar una apertura a un diálogo interdisciplinario con otros saberes como el psicoanálisis, por ejemplo). No obstante, logra colocar sobre la mesa la vigencia del comunista sardo.
Si bien, la síntesis del contexto histórico, autores y la propia obra de Gramsci es decente, el libro se encuentra infestado de anti-voluntarismo y anti-leninismo, sin mencionar un paradigma anti-estalinista que nunca cita el origen de sus fuentes ni críticas.
Uno puede ser un detractor de la URSS y lo que representó en su época sin problemas, la cuestión es cuando se interpreta selectivamente un autor para usarlo en una propia agenda política. Esto es deshonesto y profundamente liberal.